Tropas de Tailandia y Camboya se enfrentaron por cuarto día consecutivo en una zona fronteriza, debido a la disputa del templo Preah Vihear, de 900 años de edad, reclamado por ambos vecinos del Sudeste Asiático.

Lamentablemente hubo bombardeos y disparos en la zona, que dejaron como saldo, al menos, a dos tailandeses y tres camboyanos fallecidos. El gobierno de Tailandia declaró que 30 de sus soldados resultaron heridos hasta el momento. Por su parte, Camboya dijo que 10 de sus hombres fueron heridos.

Con ánimos de comprender las profundas razones del enfrentamiento, analistas de Reuters calculan que los generales tailandeses y sus aliados nacionalistas pueden estar intentando derrocar al gobierno de Tailandia u organizando un golpe de estado para cancelar las elecciones de este año.

El primer ministro camboyano, Hun Sen, pidió una reunión urgente con la ONU y se dirigió al mandatario tailandés de la siguiente forma: "Vamos a ir al Consejo de Seguridad de la ONU te guste o no. El conflicto armado amenaza a la seguridad regional".

Por su parte, el primer ministro tailandés, Abhisit Vejjajiva, acusó a Camboya de abrir fuego en primera instancia contra un puesto militar los días viernes y domingo. Y declaró: "Los soldados tailandeses no tuvieron más remedio que ejercer el derecho inmanente de legítima defensa".

Sería interesante que ambos gobiernos, en lugar de intentar dar sobradas pruebas de su buen y "legítimo" accionar, y de justificar su comportamiento hostil, dieran fin al enfrentamiento y encontraran una solución pacífica a largo plazo.

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