El Dalai Lama declaró el jueves que renunciará a su puesto de líder político del Tíbet, una decisión que se interpreta como un paso hacia un gobierno más firme y democrático.

De tal modo, el Dalai Lama delegaría sus poderes al primer ministro a fin de otorgarle una mayor influencia en la región. Los tibetanos votarán este mes para elegir a un nuevo primer ministro, tal vez perteneciente a una generación de líderes más jóvenes.

"Ya en la década de 1960, he subrayado en repetidas ocasiones que los tibetanos necesitan un líder elegido libremente por el pueblo a quien pueda delegar el poder", dijo el Dalai Lama en su discurso anual y continuó: "Ahora hemos llegado con claridad al momento de poner eso en efecto".

El primer ministro del gobierno tibetano, Samdhong Rinpoche, dijo a los periodistas el jueves que no está claro si el parlamento aceptará la renuncia del Dalai Lama, quien desea continuar solo como líder espiritual del Tíbet.

Por su parte, China no recibió con agrado el anuncio del Dalai Lama y el portavoz de la cancillería, Jiang Yu, declaró lo siguiente: "El Dalai Lama utiliza la religión como un disfraz y es un exiliado político que ha estado llevando a cabo actividades separatistas desde hace mucho tiempo. Durante años ha estado expresando su intención de retirarse. Creemos que estos son trucos para engañar a la comunidad internacional".

La versión de diversos analistas de la situación es que la decisión del Dalai Lama dificultará a China la posibilidad de influir en el curso del movimiento de independencia después de su muerte.

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