Energía atómica
Foto cortesía de nasa.gov

Se le da este nombre a la energía que se libera de manera espontánea o artificial, en una reacción nuclear. Es la energía de más alta calidad por unidad de masa que conozca el ser humano, pero puede aprovecharse sólo un promedio de 8% a 14%, en el proceso de liberación.

Recorrido histórico

Fueron filósofos hindúes y griegos quienes iniciaron la observación y el estudio de la materia, en un afán por explicar la naturaleza del universo y de la vida. Los griegos concluían que si se dividía un trozo de materia una y otra vez, llegaría un punto en el cual ya no sería posible continuar. De allí, el término átomo (indivisible) que empleó uno de los principales investigadores, Demócrito. Luego el sabio Aristóteles aceptó que la materia estaba formada por cuatro elementos: aire, fuego, agua y tierra, como lo habían planteado algunos de sus antecesores, pero rechazó la idea del átomo. Pasarían 200 años antes de que las investigaciones continuaran.

Precursores de una nueva era

Ya a finales del siglo XVIII, y para mejor comprensión del fenómeno, los científicos se concentraron en un modelo o representación gráfica del átomo. En 1803, el químico inglés John Daltón, formuló una teoría que establecía que la materia se dividía en dos grupos: elementos y compuestos. Los primeros estarían constituidos por unidades llamadas átomos, en honor a Demócrito, y los segundos por moléculas. El químico ratificó la cualidad indivisible de los átomos en sus trabajos.

En el siglo XIX, el científico Sir Joseph Thomson, descubrió una serie de partículas elementales, la primera de las cuales fue el electrón. Por sus investigaciones y aportes, le fue otorgado el premio Nobel de Física en 1906. Luego siguió una lista de científicos a la cabeza de Ernest Rhutenford y Niels Bohr, que continuaron con las investigaciones sobre la materia, hasta llegar a la famosa Era Nuclear.

Era Atómica

Los antecedentes de la era nuclear o atómica, se iniciaron a finales de los años 30', cuando un grupo de científicos confirmaron la teoría formulada por el físico Albert Einstein, según la cual se podían liberar los átomos, causando una contundente transformación que cambiaba la masa del núcleo. Einstein no mostró mayor interés en continuar con este proyecto, pues estaba dedicado al desarrollo del pensamiento abstracto y a su labor docente en la universidad de Princeton. Por entonces, el término era usado en un sentido positivo, pero una vez que el empleo de la energía nuclear se volcó a la construcción de armas, la era atómica se asoció al peligro para la supervivencia.

La bomba y el fin de la guerra

En 1939, con el reciente descubrimiento de la fisión de uranio, un grupo de científicos acudió de nuevo a Einstein para que explicara al gobierno de los Estados Unidos, el peligro que representaba este conocimiento en manos de los alemanes. Tras intensas investigaciones por parte del gobierno estadounidense, el 6 de agosto de 1945, el mundo se estremeció ante el poderío nuclear con el lanzamiento de la bomba atómica sobre la ciudad de Hiroshima en Japón, y el nombre de este dispositivo se grabó definitivamente en la memoria colectiva como sinónimo de destrucción.

Finalizada la guerra, Albert Einstein presidió el Comité de Emergencia de Científicos Atómicos, que trabajó a favor del control internacional de la energía nuclear.

Posteriores crisis económicas sumadas a los accidentes de Three Mile Island (1979) y Chernóbil (1986), ganaron la animadversión de la sociedad ante el tema, cerrándose así las perspectivas de expansión y desarrollo de la industria nuclear.

Resurgimiento

A finales de los años 90', la evolución del empleo de energía nuclear para fines pacíficos, se incrementó con el uso de reactores nucleares, que generan grandes cantidades de material radiactivo con pocos gastos.

Con una concepción completamente distinta, la ciencia y la industria han logrado darle nuevos usos a este material, empleándolo en muchas áreas tanto de la medicina como del agro y la alimentación:

  • Conservación de alimentos
  • Control de plagas
  • Hidrología
  • Vacunas
  • Medicina nuclear
  • Radiofármacos
  • Medio ambiente
  • Instrumentación
  • Imágenes
  • Investigación

Energía nuclear y efecto invernadero

El calentamiento global puede atribuirse en un 50% a la producción de electricidad que emplea combustibles fósiles. Siendo una fuente de generación de energía eléctrica que no emite dióxido, la energía nuclear se presenta como opción para contrarrestar el efecto invernadero. En la actualidad, se considera que el incremento de su uso, disminuye de manera real y efectiva las emisiones de dióxido de carbono.

Movimientos en contra

Sin embargo, gran parte de la comunidad científica y ecológica, se opone al empleo de esta energía, y promueve un movimiento mundial basado en el “Abandono de la energía nuclear”, como opción de carácter político, cónsona con las ideas de conservación y preservación de la vida en el planeta. En la práctica, este movimiento busca el cierre de las centrales y reactores nucleares existentes, siendo Suecia el primer país en acogerse a este plan.

Le siguen Italia, Bélgica, Alemania y Nueva Zelanda, y en países como Polonia, Austria, España y Holanda, se ha prohibido a través de leyes, la construcción de nuevos reactores nucleares, aunque muchos casos se mantienen en discusión.

El Reloj del Juicio Final

En enero de este año, investigadores que publican el Boletín Mundial de Científicos Atómicos, adelantaron las manecillas de un emblemático reloj que se encuentra en la universidad de Chicago, para advertir que aumenta el riesgo de hecatombe atómica o climática. Los cambios en las manecillas se deciden por un consejo de expertos entre los que se encuentran dieciocho Premios Nobel. Este reloj simbólico creado por el grupo que edita el boletín, se mantiene vigente desde 1947.

Entre las amenazas latentes que se denuncian con esta acción, se cuentan las ambiciones nucleares de Irán y Corea del Norte, así como el manejo de materiales atómicos por parte de Rusia y otros países. La novedad en esta ocasión consiste en que los científicos incluyen como grave amenaza, el cambio climático, al que califican tan grave como las armas nucleares.

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