Bill Gares en sus inicios

Si vemos la lista de la revista Forbes, veremos hombres que cuentan sus millones por miles, son dueños de imperios comerciales, grandes empresas trasnacionales y CEOs de las principales firmas del mundo. Pero algunos de estos hombres empezaron de cero literalmente, tuvieron trabajos humildes para luego convertirse en lo que son. Echemos un vistazo a los primeros empleos de los hombres más ricos del mundo.

Empecemos por el hombre más rico del planeta, nos referimos a Bill Gates, este señor de 68 años es la cabeza de Microsoft y uno de los filantrópicos más grandes de nuestro planeta, su riqueza está valorada en 76 mil millones de dólares, pero el buen Bill no siempre tuvo tantos millones, él empezó esta historia como un humilde programador de computadoras. Algo similar pasó con el creador de Apple, Steve Jobs, quien empezó como programador de computadoras y diseñador de videojuegos (y no los de ahora, sino los videojuegos de hace 30 años).

El exitoso empresario textil español Amancio Ortega, empezó a los 14 años como empleado de la camisería Gala; hoy a sus 77 años es dueño del imperio textil más grande de Europa, es el tercer hombre más rico del mundo con una riqueza valorada 64 mil millones de dólares.

Michael Dell, el mismo de la compañía de computadoras que llevan su apellido, hoy ocupa el puesto 48 de los hombres más ricos del mundo; pero todo era distinto cuando Michael empezó, él era un humilde lavaplatos de un restaurante chino. Algo parecido le sucedió a Jeff Bezos, CEO de Amazon.com y hoy ocupa el puesto 18 de los hombres más ricos del mundo, pero este gurú del comercio en línea empezó como empleado de McDonald's.

Warren Buffet es sin duda una leyenda en el mundo de los inversiones, hoy tiene 83 años y es el cuarto hombre más rico del mundo con nada menos que 58.2 mil millones de dólares, todo era diferente cuando tenía 13 años y era un repartidor de periódicos. Nadie puede imaginar que el carismático y famoso magnate Donald Trump, empezó como reciclador de botellas y latas, las que reunía junto a su padre para después venderlas.

Con estos ejemplos queda claro que ningún trabajo es pequeño para empezar un sueño.

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