Diez niñas y dos niños de entre 12 y 15 años fueron asesinados de un disparo en la cabeza a manos de Wellington Oliveira, de 23 años de edad, quien luego de la masacre se suicidó al ser confrontado por la policía.

Cerca de 12 estudiantes más resultaron heridos en el tiroteo del jueves que tuvo lugar en la escuela pública Tasso da Silveira. Dos de ellos se encuentran en estado grave.

En una pizarra en el patio de la escuela, los maestros dejaron mensajes implorando para mejorar la seguridad en las escuelas de Brasil. Uno de ellos decía: "La familia Carioca está de luto" (Carioca es el apodo para los nativos de Río).

La tradición brasileña establece que las personas sean enterradas al día siguiente de su muerte. Se espera que la presidente Dilma Rousseff llegue a Río para asistir a algunos de los funerales.

La escuela se encontraba celebrando su 40 aniversario el jueves, cuando comenzó el tiroteo. Los testigos declararon que el asesino acechó los pasillos de la escuela (a la que asistió años antes) y comenzó a dispararles a los niños en la cabeza, aunque le pedían que se detuviera.

Oliveira se quitó la vida luego de que los disparos de la policía le dieron en las piernas y lo derribaron en una escalera.

Los testigos declararon que el asesino ingresó en la escuela armado con dos pistolas y un cinturón de municiones, disparando a los estudiantes y gritando repetidamente: "¡Voy a matar a todos!".

El motivo del ataque no fue descubierto, aunque las autoridades dijeron que el asesino dejó una carta incoherente en la que decía que no quería que los impuros toquen su cuerpo sin guantes y que después de su muerte, quería ser bañado, envuelto en una sábana y enterrado cerca de la tumba de su madre.

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