Perder el empleo ¿Qué hacer después?

Cuando se pierde el empleo, todo parece se derrumba y no se ven muchas salidas, sin embargo puede que estemos frente a una gran oportunidad.

Perder el empleo
Perder el empleo

Con el ritmo de vida que se vive, las crisis que han acontecido y el adelanto tecnológico que embarga, es común ver que incluso hablando más de un idioma, teniendo un buen título y cursos de capacitación se pierda el trabajo ¿Por qué? Falta de experiencia, incapacidad de afrontar nuevos retos, necesidades de la empresa y un sinnúmero de cosas. Como es de esperarse uno piensa lo peor, pero ¿Ha pensado que puede ser lo mejor que le ha ocurrido?

Sin duda es complicado hacer frente a un “despido” cuando se está acostumbrado a lo que se hace, se tienen obligaciones a las que responder y, por supuesto, se cuenta con un presupuesto para el diario vivir. No obstante lo anterior, las oportunidades que este acontecimiento abre son múltiples y dependerá de cada uno verlo como tragedia o bendición.

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El primer día, no hagas nada

Cuando recién se tiene la noticia entre manos y no se sabe bien cómo reaccionar, el mejor consejo que puede seguirse es “no hacer nada que vayamos a lamentar más tarde”. Hablar mal contra el ex empleador, cortar con los contactos que se tenían y mandar todo al infierno, es lo peor que se podría hacer, así que mejor abstenerse.

Según Martha Finney, autora de “Rebound”, si después de perder el trabajo, también perdemos la calma al saber que ya no requieren nuestros servicios, podríamos estar perdiendo la posibilidad de recibir una llamada donde se nos invite a participar de una nueva iniciativa. Con esto lo que tratamos de aconsejar es que, al tener conocimiento del despido, lo mejor es actuar con dignidad y agradecimiento, ya que para descargar la impotencia habrá tiempo más tarde en privado.

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Tener la documentación en orden

Si somos inteligentes, cuando supimos del despido no firmamos nada con premura, pues sabemos más tarde podremos negociar un paquete indemnizatorio decente con la empresa. El abogado Steven M. Sack – autor de “El manual de derechos del Empleado” – recomienda no aceptar la oferta inicial y ganar algo de tiempo.

Hay que tener en cuenta que dependiendo el país en el que nos encontremos, hay plazos para examinar la oferta indemnizatoria por parte de la empresa, en Estados Unidos este plazo es sagrado y debe servir para recordar la contribución que hemos hecho a la empresa y así engrosar el pago post-despido que nos ofrecen, así como también permitirá negociar sobre extensión de beneficios de salud, etc.

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Evaluar los objetivos de nuestra carrera

Siempre es difícil aceptar un rechazo, pero cuidado, puede que sea la oportunidad perfecta para hacer un cambio en nuestros objetivos y por ello hay que tomarse el tiempo de analizar los objetivos que nos hemos propuesto. ¿Cambio de ciudad, profesión u oficio? Todo puede suceder, depende de cada uno ver qué es lo más conveniente.

Candice Reed, autor de “Gracias por despedirme: Cómo llegar a tener éxito después de ser despedido”, señala que el rechazo y la desesperación pueden llegar a provocar condiciones miserables de vida si no se pasa a una nueva etapa, por lo que de inmediato hay que preguntarse ¿Qué me apasiona? De esta respuesta dependerá en último término el encontrar la felicidad.

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Hacer un plan de búsqueda de empleo

Ahora es el momento de encontrar un empleo perfecto o lanzarse en picada a llevar a cabo una empresa propia. Lo primero que se aconseja hacer es actualizar el currículo, privilegiando siempre la experiencia que se tiene y no los títulos que se han obtenido. Hay que tomar en cuenta que sólo el 20% de los puestos de trabajo se anuncian (publicitan), por lo que tocará mover la red de contactos que tengamos.

El establecimiento de metas es prioritario, debemos saber si hemos logrado o no lo que pensábamos haríamos para ese día, llamadas telefónicas, citas que logramos agendar, cantidad de ofertas postuladas, etc.

De esta forma un despido puede ser solo el paso de una etapa a otra mucho mejor, sólo hay que procurar no encerrarse en la desesperación y dejarse abatir por las circunstancias.