Los fracasos tienen la particularidad de ser una guia de conducta para quienes no desfallecen frente a la oportunidad de ser exitosos.

Fracasos
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Los fracasos son unos de los temas más analizados por las personas, y ello es quizá porque todo el mundo ha tenido que lidiar con ellos desde pequeño, no pudiéndose jamás librar de la posibilidad de caer en ellos. Si bien nadie quiere “fracasar”, lo que la mayoría no entiende es que el fracaso constituye una señal positiva más que algo negativo, y que por lo mismo hay que considerarlo con una mentalidad bastante particular en vez de optar por achacarse.

Hay una cosa que se tiene que tener siempre presente, cual es que existen muchas formas de ser exitosos – más de las que cualquiera podría calcular – sin embargo, sólo hay una forma de perder, esta es no siendo capaces de ver más allá de un fracaso.

Lo que proponen genios de la motivación como John Maxwell, no es el ver los fracasos con alegría donde prácticamente celebremos el haber fallado, pues sería ridículo, aunque sí se pide cambiar el enfoque con que se mira un fracaso, convirtiendo a éste en una enseñanza de vida más que en una sentencia definitiva. Es cierto que hay veces en que simplemente no podemos tomar un fracaso de forma positiva, pero es ahí cuando hay que recordar que, no podemos hacerlo porque no estamos preparados, no porque no se pueda.

Parte de la culpa de no saber aprender de un fracaso está en considerarle a éste erróneamente, y es que el común y general de las personas siente miedo a fracasar, no entiende qué significa realmente y, por ende, no están preparadas para experimentar un fracaso. La buena noticia ante esta situación es que podemos cambiar eso, la mala, que nadie puede hacer el trabajo por nosotros.

Respecto de los puntos anteriormente expresados cabe preguntarse ¿Cómo dejamos de tener miedo a fracasar? ¿Qué es realmente el fracaso? A lo anterior podemos responder, en un primer acercamiento al tema que, para dejar de tener miedo a fracasar hay que aprender qué es el fracaso. Fracaso puede considerarse el no cumplimiento de una expectativa lícita, es decir, la no concreción de un deseo, por ejemplo “quiero tener ese trabajo”.

Cuando no conseguimos el empleo deseado, numerosos pensamientos atiborran nuestra mente y decae nuestra autoestima ¿En qué fallamos? ¿Acaso no somos lo suficientemente buenos como para tener el empleo al que postulamos? Es parte de la “asimilación del fracaso” el resolver esta incógnita, no el achacarse por ella. Si tomamos en consideración que sólo fracasan quienes intentan algo, entonces ¡Ya deberíamos estar felices! Pues hemos intentado hacer algo en vez de esperar a que llegue solo.

Hay que recordar que, sólo fracasan quienes intentan o emprenden, de otra forma es imposible fracasar si tomamos dicho concepto como el no cumplimiento de una expectativa sobre la cual hemos hecho una o más acciones para concretarla.

Cuando resolvamos la incógnita de si somos o no lo suficientemente buenos para el empleo no conseguido (según el ejemplo dado), notaremos que mágicamente se vendrá a nuestra mente la repuesta de la otra interrogante - ¿En qué fallamos? – y con ello estaremos un paso más cerca de conseguirlo la próxima vez. Ah, se me olvidaba decirlo, siempre hay una próxima vez, por ello debemos asimilar y aprender rápido.

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