Crisis
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En los últimos comunicados aparecidos a través de los medios de comunicación más importantes de Norteamérica y Europa, diversos empresarios y representantes de algunas de las compañías más importantes en el ámbito financiero han criticado a los gobiernos de distinto signo y países sobre la actitud que han mantenido con el sector desde el estallido de la crisis económica mundial.

El origen de las críticas surgió cuando algunos de los gobiernos socialdemócratas europeos – entre ellos el español y el portugués – comenzaron a descartar posibles negociaciones para la aplicación de reformas en el mercado laboral, que según las asociaciones patronales hubieran mejorado la productividad general en la Eurozona y además con ello se hubiera logrado crear también mayor número de puestos de trabajo en los meses de la crisis.

Si para algunos economistas la última crisis a gran escala ha servido para confirmar que definitivamente, la teoría económica de corte liberal no es efectiva más allá de la teoría, para otros la crisis ha sido plena confirmación de que la intervención de los gobiernos genera atasco en los mercados y con ello este tipo de consecuencias.

El ex presidente del gobierno español José María Aznar invitaba al actual presidente checo Václav Klaus a diversas conferencias para explicar juntos su visión del origen de la crisis. Para ellos, todo se debe a la intervención que diversos gobiernos han realizado sobre todo a la hora de regular las transacciones bursátiles en los mercados más importantes de los países desarrollados. A juicio de los defensores de esta teoría de corte liberal, esta burocracia habría conseguido forjar una especie de realidad virtual en los créditos, con lo que ninguna entidad financiera se podía ver en condiciones de afrontar posibles cambios repentinos que fueran surgiendo, lo que degeneró en consecuencia con la explosión por la alta tasa de morosidad.

Para estos teóricos, la próxima crisis podría surgir a partir de la aplicación de nuevas fórmulas para intervenir en el mercado de las tarjetas de crédito, fórmulas que algunos gobiernos como el de Estados Unidos ya han empezado a aplicar en los últimos meses para prevenir, en teoría, un desbarajuste del mercado por la alta morosidad e impagos que numerosas entidades financieras han comenzado a detectar en los clientes con menos recursos.

Por parte de los liberales se sostiene además, que los gobiernos no deberían haber intervenido para salvar a empresas que estaban al borde de la quiebra. De esta manera, a su juicio, esas empresas hubieran caído dejando a otras que han sabido adaptarse y trabajar mejor en el mercado ocupar el lugar que les corresponde, aumentando la competencia y a la vez absorbiendo el flujo de desempleados que fueran surgiendo.

La línea mayoritaria de economistas sostiene que una falta de regulación en el área financiera perjudica a largo plazo de forma grave este tipo de negocios. A su juicio, es imprescindible reestructurar todo el organigrama legislativo, exigiendo de esta forma a las entidades a tomar decisiones sobre cómo otorgar créditos una vez se hayan asegurado de que el cliente potencial tiene realmente medios para pagar y en caso de no poder hacerlo un aval potente que evite la generación de más activos tóxicos.

Al juicio de estos economistas, la intervención estatal para apoyar a las empresas potentes ha sido determinante para evitar una sucesiva cadena de despidos y quiebras, que hubiera podido dar al traste con todos los planes de recuperación económica, llevando al paro y la miseria a millones de familias de todos los países.

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