Solicitar la ayuda de una incubadora de negocios o aceleradora es excelente, aunque tienen sus diferencias bien marcadas así como también beneficios diversos.

Emprendimiento
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Una de las muestras de lo que está pasando con el mundo de las incubadoras de negocios lo encontramos en “Livefyre”, una compañía que se especializa en la realización de software para hace comentarios en sitios web, se unió a una idea conjunta que permitirá crezca con mayor fuerza en los negocios basados en iniciativas innovadoras, algo así como un rito de iniciación en los nuevos negocios hechos en Silicon Valley.

Durante ocho meses el equipo de Livefyre se sentó a conversar sobre varias cosas con los especialistas de KickLabs, uno de los aceleradores más conocidos de San Francisco. La gracia de esta jugada conjunta es que, cualquier ayuda que se necesitara podía obtenerse del vecino o de parte del staff de aceleradores con que se trabajaba, quienes regularmente se preocupaban de organizar reuniones con inversores potenciales. A criterio de Jordan Kretchmer, presidente ejecutivo de Livefyre, “la marcha inicial fue muy energética, pues el personal hizo muchas preguntas en torno a ¿Hay algo que necesiten hoy?”.

Los aceleradores e incubadoras, que son algo así como los primos del emprendimiento, han tenido un papel fundamental en el nacimiento de nuevas iniciativas empresariales. Uno de los roles fundamentales que han jugado lo encontramos en el coaching y conexiones que aportan, las que tienen por objeto ayudar a las iniciativas empresariales durante sus primeros pasos, por decirlo de alguna forma. Los programas de ayuda varían mucho, tanto en la duración, enfoque y misión a realizar. Es por lo anterior que muchos emprendedores han comenzado a pensar más de una vez lo que deben hacer antes de comprometerse con algo.

Una de las preguntas que siempre se hacen los emprendedores en torno a la ayuda que deben recibir para llevar a cabo sus proyectos es ¿Es necesario hacer meses o años de coaching? ¿Son los programas enfocados en una industria específica mejores que aquellos que tienen una visión general? ¿Qué pasa con los costos?

Como pasa en el mundo de los negocios, el que se participe en una incubadora no es garantía alguna de llegar a buen puerto con la idea que tenemos, pues las empresas fracasan a cada momento con o sin intromisión de terceros. Lo que sí vale la pena preguntarse es ¿Qué estadística se maneja de éxito y fracaso en los emprendimientos que son apoyados por estas incubadoras? La respuesta, lamentablemente, no es sencilla aunque sí podemos aseverar sin miedo a equivocarnos que hay muchas incubadoras nuevas. Sólo en 2011 había en Estados Unidos 1.250 programas de incubadoras según el National Business Incubation Association, grupo con más de 2.100 miembros en 60 países.

Las incubadoras, es cierto, han existido desde hace ya un buen tiempo, aunque su mejor momento fue la década del 80 hasta la fecha. El reconocimiento público de la industria ha crecido ostensiblemente, por lo que ya no se repite el ejemplo de antaño donde se hallaba una gran habitación atestada de gente donde sólo uno sabía de lo que estaba hablando, asevera Tracy Kitts – director ejecutivo de una asociación incubadora.

El funcionamiento de las incubadoras actualmente se centra en la elección de emprendimientos prometedores dentro de un listado de postulantes. Más tarde el staff de mentores participa en la intromisión de conceptos básicos de negocios, presentaciones a clientes y socios, y a la búsqueda de financiación e inversión. Generalmente los emprendedores conocen el producto muy bien, al igual que el mercado, quizás incluso puede que conozcan muy bien el apartado técnico, pero manejar un negocio puede resultar algo completamente extraño.

Albergar una serie de emprendimientos en conjunto es una forma de ayudarles ofreciéndoles ventajas competitivas sobre el resto, algo que permite la colaboración mutua, promueve el surgimiento de ideas y en muchos casos hasta arrendar dependencias a un precio rebajado.

Muchas incubadoras aceptan empresas de cualquier sector, siempre y cuando cumplan con ciertos criterios entre los que destacan el tamaño y financiación para subsistir a corto plazo. Hay otros que por el contrario se fijan en un nicho determinado (industria), permitiendo con ellos se concentren en la oferta de productos y/o servicios especializados.

El 93% de las incubadoras actualmente están a cargo de organizaciones sin fines de lucro según la National Business Incubation Association. Uno de los mayores patrocinadores son las universidades, organizaciones de desarrollo económico y agencias gubernamentales. Los aceleradores, por el contrario, funcionan a través de empresas de inversión que buscan una ganancia, en este caso los programas están orientados netamente a iniciativas tecnológicas.

Un claro ejemplo de acelerador es “Y Combinator”, empresa que fue fundada en 2005 y es responsable de haber apoyado iniciativas como Dropbox (almacenamiento en línea) y Airbnb (servicio de alquiler de vacaciones en línea). Para conseguir unirse a un acelerador es preciso renunciar a la participación de la iniciativa en al menos un 6% a cambio de oficina y algo de dinero.

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