Innovación
Innovación

En el mundo en el que nos encontramos todo es sinónimo de excesos, vivimos enceguecidos por una suerte de “paraíso” donde todo lo que quieres existe, aunque para tenerlo hay que pagar un precio ¿Cuánto estás dispuesto a dar por él? La pregunta parece innegable, imposible y a veces hasta inhumana, pero es lo que mueve al mundo y a los seres humanos que en él interactúan – para bien o mal.

Quienes se han especializado en ideas innovadoras a lo largo y ancho del mundo en que vivimos – los sabios – se han dado cuenta que muchas veces “menos” es sinónimo de “más” en lo que respecta a la obtención de resultados, sobre todo cuando estamos frente a ideas innovadoras. Cuando se trata de participación de usuarios no siempre lo excesivo y pomposo consigue lo que anhelamos, sino más bien termina confundiendo a nuestro mercado objetivo. Para cualquier innovador el enfoque adecuado debe emparejarse con inteligencia y economía, de otra forma algo anda mal.

En más de dos mil ideas, procesos, servicios y productos innovadores se ha descubierto una tendencia innegable hacia los “simple”, donde gracias a un enfoque elegante, minimalista y “genial” se obtienen resultados que acaban con la expectativa de cualquiera.
Si queremos tomar un ejemplo de lo que comentamos, qué mejor que recurrir a “Burbn”, una aplicación que estaba llena de funciones y permitía a los usuarios manipular imágenes para compartirlas con otros. Este programa sin duda era una gran idea, tenía un mercado potencial extraordinario pero algo falló ¿Qué fue? El exceso de funciones acabó por embarrar una idea simple y funcional.

Burbn, que de seguro no todos los conocen terminó por convertirse en “Instagram” que es muy probable todo conozcan y utilicen ¿Qué pasó? Lo que aconteció aquí fue que el CEO Kevin Systrom se dio cuenta había que terminar por desechar muchas de las geniales funciones de la aplicación para dar paso a los simple, algo que permitiera obtener resultados en 30 segundos y que no fuera una versión recortada de Photoshop. Aquí primó lo que buscaba la gente, no lo que los programadores querían ofrecerle para mejorar sus expectativas, de ahí que Instagram se convirtió en lo que hoy todos conocemos y se integró eficientemente a Facebook, Twitter y Foursquare.

Para conseguir que una innovación sea realmente eficiente es necesario que soltemos las riendas de un emprendimiento en pos de conocer hasta dónde puede llegar nuestra idea, impidiendo con ello que nuestras metas y expectativas acaben forzando el contenido de lo que puede ser una genialidad o una brutalidad. Si estamos frente a una iniciativa que requiere el concurso de varias otras personas – que sería lo más común – hay que comenzar a olvidarse de las ataduras, controles restrictivos y votar por la autodisciplina.

Como era de esperarse, la autodisciplina no funciona en personas que no están comprometidas con la idea para la que trabajan, de ahí que la solución no está en controlar más, sino en saber empapar a los trabajadores de los proyectos que se tienen y para los que trabajan. Ellos deben saber que no trabajan por un sueldo ni para un jefe, sino directamente para la consecución de sus metas y un cliente final que espera satisfacer sus necesidades con el trabajo que se realiza.

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