Uno de los dilemas más interesantes de analizar entre los emprendedores es saber cuándo perseverar o renunciar ¿Saben ustedes qué hacer?

Emprendimiento
Emprendimiento

Cuando comenzamos a emprender algo, la diferencia entre el éxito y el fracaso es cuestión de tiempo, tanto así que para muchos se trata simplemente de lo que tardan en rendirse ante la consecución de un fin determinado. Aquellos esfuerzos que comienzan basados en grandes esperanzas para que, inevitablemente, terminan en el saco de la decepción. El desarrollo de toda iniciativa, en el tiempo medio de su desarrollo, pareciera ha fracasado.

Nadie puede asegurarnos un camino llano mientras desarrollamos un emprendimiento, pues los obstáculos aparecen de improviso en el camino de todos, fatigando al equipo y desgastando el sistema con que se inició todo. Es normal en este sentido encontrar gente que comienza a criticarlo todo justo en el momento en que creemos estamos agarrando vuelvo nuevamente, por ello uno de los desafíos más complicados consiste en saber perseverar y aceptar los golpes en el camino más que confiar en predicciones optimistas basadas en esperanzas.

Para todo aventurero, emprendedor e inversor es sumamente importante la persistencia y la perseverancia. En los procesos de reestructuración y cambio también es importante contar con estos elementos, ya que es bastante probable que a medio camino nos encontremos frente a la desagradable disyuntiva de persistir o abandonar todo lo obrado.

Como en todo proyecto, los riesgos son inevitables, entonces ¿Qué hacemos? La mejor decisión no siempre es fácil de tomar, por ello hay que pensar muy bien si vale la pena seguir como se está (perseverar), reestructurar el planteamiento original (persistir) o simplemente tirar todo por la borda evitando tener pérdidas o aumentarlas (renunciar). Lo que si debemos dar por descontado es que, si quitamos el soporte de nuestra empresa – persistencia y perseverancia), todo se irá por el caño.

Algunas de las guías que queremos compartir en este artículo son:

  1. ¿Sigue siendo la razón del esfuerzo inicial válida en nuestro emprendimiento? ¿Ha habido cambios en la situación externa de la que nos desarrollamos?

  2. ¿Las necesidades que motivaron nuestro emprendimiento siguen vigentes? ¿Hay soluciones por parte de la competencia? ¿Son éstas adecuadas?

  3. ¿Tendremos más problemas si dejamos de esforzarnos con la misma intensidad que hasta ahora?

  4. ¿Nos resulta más rentable proseguir con nuestra idea que abandonarla y pagar los costos de un reinicio?

  5. ¿Atrae nuestra visión más adherentes a la idea?

  6. ¿Existen recursos como para seguir invirtiendo y ajustando nuestro proyecto?

  7. ¿Está declinando el escepticismo y resistencia sobre nuestra idea en el entorno?

  8. ¿Están los líderes aun entusiasmados, comprometidos y enfocados en el esfuerzo que hay que hacer para conseguir resultados?

  9. ¿Está motivado el equipo de trabajo para continuar adelante?

  10. ¿Se han cumplido los plazos límites y objetivos planteados?

  11. ¿Hay signos de progreso, donde se han resuelto problemáticas, conseguido nuevos enfoques y formas de seguir adelante?

  12. ¿Hay objetivos concretos conseguidos que demuestren progreso?

Si la mayoría de las respuestas son afirmativas, entonces lo mejor es no renunciar a nuestra idea original y continuar invirtiendo en pos de conseguir tracción para seguir adelante y sortear cualquier tipo de problema que se presente. Hay veces en que la renuncia o abandono no es la mejor alternativa, aunque pensar en ello obliga a reestructurar las estrategias, hacerse cargo de las críticas y administrar mejor los recursos.

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