La ley marca un hecho muy importante que era reclamado por la sociedad, el impedimento de rescatar a las poderosas entidades financieras con dinero de los ciudadanos. Es una garantía para todos los contribuyentes de que no volverán a ser ellos quienes culminen pagando las irresponsabilidades del sistema financiero.

En una sesión maratónica, el Senado norteamericano aprobó, en la noche del 20 de mayo, la ley de “reforma del sistema financiero”. Esta reforma ya había sido anunciada en varias oportunidades por el presidente Obama y formaba parte de uno de los puntos de su campaña electoral. Ha sido vista con muy buenos ojos por parte de muchos ciudadanos norteamericanos, pues entre sus artículos se estipula que el Estado no salvará más entidades financieras a costas del dinero de los contribuyentes. Hecho que sucedió durante la reciente crisis, que fueron los contribuyentes, mediante ajustes impositivos, que taparon los agujeros económicos con dinero de sus bolsillos.

Y ante todos los cataclismos económicos que se han vivido en Estados Unidos, del cual aún no se ha salido, esto se ha transformado en un gran logro de esta gestión, ya que el mismo presidente había definido a esta reforma como una de las prioridades de su gestión.

El proyecto fue sancionado por amplia mayoría, cincuenta y nueve votos frente a treinta y nueve votos de legisladores que no estaban de acuerdo.

El paso que queda por dar es que el Senado y la Cámara de Representantes coordinen la redacción final del contenido, para enviarlo a la Casa Blanca, de forma que el primer mandatario lo proclame. Según trascendidos en esferas gubernamentales se establecerá formalmente como ley el cuatro de julio. Fecha patria de Estados Unidos.

Esta ley pretende fomentar reglas claras con un alto contenido de responsabilidad, no estará en contra del libre mercado, solamente será tener pautas claras. Asimismo, no tiene como objetivo escarmentar a los bancos, la prioridad del gobierno está en salvaguardar la economía y a los ciudadanos de cualquier tipo de perturbaciones como las que han padecido gran parte de los norteamericanos en estos últimos tiempos, remarcaba el presidente.

La ley marca un hecho muy importante que era reclamado por la sociedad, el impedimento de rescatar a las poderosas entidades financieras con dinero de los ciudadanos. Es una garantía para todos los contribuyentes de que no volverán a ser ellos quienes culminen pagando las irresponsabilidades del sistema financiero.

El delegado de Estados Unidos ante el FMI tendrá la facultad de negarse a salvar económicamente a países si los préstamos corrieran riesgos de no ser devueltos.

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