Felicidad
Recuperar la felicidad

Si hacemos un recuento de la forma de vida que tiene el hombre, nos damos cuenta que lo que se persigue en todo ámbito de cosas es la perfección, desde el cuerpo perfecto hasta el corte del césped perfecto. Así, parece ser que cada uno de los miembros de las distintas sociedades que existen en el mundo vive encasillado en un prototipo de vida que no siempre es el más adecuado y donde es casi imposible encontrar un equilibrio, sobre todo cuando se habla de trabajo y vida.

Dependiendo de la estructura social en la que nos encontremos podremos observar existe un nivel de exigencia mayor o menor, un deseo de superación más o menos exigente y, también, una idea de lo “perfecto” que difiere en cada sociedad y justifica muchas veces estructuras e instituciones que promueven la consecución de estos fines ideales. Es quizás producto de lo anterior que hay menos personas con años sabáticos en Estados Unidos que en Europa, así como también hay horarios de estudio y trabajo más estrechos en estos dos últimos respecto de Sudamérica.

Hay una frase que es muy cierta y vale la pena tener siempre presente “podemos tenerlo todo, pero aun así no todo será perfecto”. Un ejemplo de ello lo encontramos en la consecución del éxito en el mundo laboral, donde pensamos que un determinado puesto de trabajo o logro nos dará felicidad como por arte de magia… sorpresa, el éxito llega pero no siempre con felicidad. Ejemplos de trabajadores exitosos hay muchos, pero ¿Cuántos de ellos son realmente felices? ¿Acaso el éxito no trae aparejado un gran sacrificio? ¿Será este sacrificio la felicidad individual?

Un alto ejecutivo debe pasar bastante tiempo preocupado de su trabajo para mantenerse en lo más alto sobre todo cuando se compite en mercados tan exigentes como el norteamericano o europeo, pero ¿Cuál es su costo alternativo? Lo más probable es que su vida familiar sea un tanto pobre, pues por muy exitoso que sea, su día seguirá teniendo 24 horas, su semana 7 días y su año 12 meses.

Algunos expertos han identificado que el secreto para ser felices y encontrar el equilibrio en lo laboral y personal está en no perseguir la perfección en todo, en ser consecuente y dejar algunas cosas tanto en el trabajo como en la vida privada en pos de un equilibrio. Integrar la vida personal con la laboral (con equilibrio) implica enfocarse en las cosas que realmente valen la pena y no en todo.

El secreto del equilibrio está en saber delegar

Para muchos la perfección lo es todo, pero tal y como lo hemos visto un poco más arriba, lo perfecto tiene más costos que beneficios al mediano y largo plazo. Así, tratar de ser perfecto obliga a la persona a seguir los mandamientos del “hazlo tú mismo si quieres que funcione”, consejo que es perfecto para cuando enfrentamos un hobby, pero no cuando se trata de un trabajo.

Debemos aprender que, muchas veces, aquellas cosas que consideramos constituyen “perfección” pueden resultar ser contraproducentes a lo que realmente buscamos. Un ejemplo práctico de lo anterior lo constituye el que apartemos a los bebés de todo entorno contaminado, al punto de que parece ser la tierra es menos peligrosa que los mismos adultos. Siguiendo la misma línea, el grupo de compañeros que comparte una buena cerveza y una pizza no se convierte en un mejor equipo de trabajo aunque así lo parezca.

Cuantas veces no ha pasado que por buscar tener una mano perfecta perdemos la oportunidad de aprovechar las buenas cartas que nos ha tocado tener en una partida y terminamos perdiendo el juego mientras perseguíamos la jugada perfecta.

Frente a los ejemplos entregados y la visión que hemos ido conformando de la idea de perfección, podemos citar a Débora Spar, presidente del Bernard College, quien ha dicho “la elección de hacer algo no significa que podamos hacer todo”. Parece ser que el que ciertas religiones separen lo perfecto para Dios y lo aparten de los hombres es una suerte de alivio a la condenada búsqueda de la perfección entre las muchas limitaciones con las que lidiamos.

Es preciso que recordemos que, la perfección no siempre nos conduce al objetivo que realmente tenemos, sin embargo, enfocarnos en cada cosa como si fuera la única nos permite rodearnos de pequeñas victorias que nos acercan paso a paso a lo que deseamos.

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