Medio ambiente
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Brasil ha tomado la decisión de posicionarse de manera clara y firme en la cuestión medioambiental apostando por un documento que presentará en la próxima Cumbre de Copenhague, donde aspira a reducir en total casi un 40 por ciento de los gases contaminantes emitidos a la atmósfera durante los próximos años. Con esta propuesta el gobierno de Lula se sitúa a la altura de países como Noruega, hasta el momento habían sido los más ambiciosos.

Los máximos responsables de las Naciones Unidas no han ocultado su sorpresa ante la propuesta que el gobierno brasileño ha anunciado que presentará en Copenaghe. Para muchos, como el Secretario General de la cumbre De Boer, Brasil se ha convertido desde ahora en el punto central de las discusiones. Hasta ahora los debates previos a la cumbre se habían centrado en si alguno de los países más influyentes del planeta apostaría realmente por aplicar cambios que sirvieran a dar pie para la sustitución del Protocolo de Kyoto por otro más importante y adaptado a la realidad del Siglo XXI. Recientemente algunos de los países más contaminantes como Estados Unidos o China se habían mostrado opuestos a tomar medidas de relevancia para frenar la contaminación, con lo que el escepticismo reinaba entre los ecologistas y los que asistirían. Con el compromiso de Brasil, una de las naciones emergentes de mayor importancia a nivel mundial, la situación ha vuelto a cambiar.

Los funcionarios de las Naciones Unidas tienen mucho interés en el papel que Brasil puede jugar en la cumbre, con lo que tras conocer las intenciones del gobierno de Lula se han apresurado para emitir ante los medios declaraciones de agradecimiento por el esfuerzo del país amazónico. En este sentido el propio De Boer se pronunció declarando que Brasil es uno de los países con mayores reservas naturales – refiriéndose a la Amazonia -, por lo que su opinión deberá ser muy tenida en cuenta a lo largo de la celebración de la cumbre en diciembre. La ONU ya no oculta su preocupación por el aumento de las temperaturas y el cambio climático, al que se refiere frecuentemente descartando la posibilidad de que sea producido de forma natural y no por el efecto del ser humano en la contaminación.

El compromiso brasileño para reducir en aproximadamente un 40 por ciento las emisiones de CO2 a la atmósfera ha sido una de las apuestas más ambiciosas presentadas ante el Congreso de la nación por el Partido de los Trabajadores, en el poder y del que Lula es máximo dirigente. El partido ha realizado en el último año algunas otras propuestas relacionadas en la lucha por detener el cambio climático, que se basan en fomentar a través de la fiscalidad progresiva y las subvenciones el cambio del modelo productivo, haciendo que los empresarios vayan apostando por las energías renovables en lugar de las habituales como el carbón. Sin embargo, numerosas empresas petroleras del país, además de las que destinan la mayor parte de sus inversiones a las extracción maderera en la Amazonia, han criticado las políticas del partido de Lula ya que argumentan están acelerando el cambio del modelo productivo en tiempos de crisis, de tal forma que podría perjudicar seriamente al país en el futuro si las empresas tienen problemas. Incluso algunos de los miembros del propio partido de Lula se han mostrado algo escépticos sobre la necesidad de iniciar cambios profundos y reestructurar el sistema para adaptarlo a las nuevas energías renovables. Algunos de los congresistas han declarado ante los medios que su visión sobre el debate medioambiental es que se trata de una moda de los partidos socialdemócratas con el objetivo de recuperar la credibilidad perdida en las últimas décadas.

Sin embargo la cúpula del Partido de los Trabajadores siempre se ha mostrado dispuesta a afrontar el debate y ha apoyado las propuestas relacionadas con la reducción de gases para ser presentadas en el Congreso.

La máxima responsable actual del Partido ha anunciado ante el Congreso que su intención es presentar en Copenhague una respuesta a las declaraciones recientes del presidente de los Estados Unidos sobre la inevitabilidad del cambio tan profundo y decirle “nosotros no sólo podemos, sino que lo hacemos posible”.

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