Cumbre contra el calentamiento global

La reunión de Copenhague se ha convertido en uno de los temas de mayor interés para las asociaciones y grupos ecologistas de todo el mundo, y es que será allí donde las naciones más importantes del planeta deberán acordar el futuro sobre las emisiones de CO2 o el conjunto de recursos que destinarán para fomentar nuevos planes de impulso y ajuste de energías renovables respetuosas con el medio ambiente.

Un nuevo protocolo de medio ambiente

Uno de los puntos más importantes que se tratará en la convención será el futuro tratado que sustituya al del Protocolo de Kioto. Por el momento ninguno de los países desarrollados más contaminantes se ha pronunciado ni ha tomado postura por reducir las emisiones, excepto Noruega, que ha resuelto tomar más responsabilidades de lo esperado.

Algunos países como el Reino Unido se han pronunciado favorables a iniciar contactos para llegar a acuerdos que posibiliten una reducción media del cincuenta por ciento de contaminación emitida para el año 2050, muchos ecologistas ven en esto una promesa vacía de contenido y de hechos.

Sin embargo, esto no será suficiente para acordar una reducción significativa que contribuya a mejorar a nivel global las tasas de contaminación, y ni Estados Unidos ni China están dispuestos a reducir sus altos niveles, sobre todo porque en medio de una crisis económica global su principal preocupación es recuperar cuanto antes la senda del crecimiento.

No hay más tiempo para el debate

Los organizadores de Copenhague ven ahora la oportunidad definitiva para frenar definitivamente el cambio climático, presionando a los países más contaminantes a asumir responsabilidades y recortar cuanto antes las emisiones. Se escuchan propuestas de todo tipo, como la plantación de árboles en zonas verdes o ayudar al desarrollo de empresas que utilicen energía renovable a través de beneficios impositivos o rebajas fiscales.

Las principales críticas de los ecologistas a día de hoy se encuentran sobre todo en la falta de programas de los países que se reunirán en Copenhague. Defienden que no existen vías ni modelos a seguir para desarrollar una industria verde no contaminante, y que mientras las naciones más poderosas y contaminantes del mundo no den un paso adelante en la lucha contra las emisiones, prácticamente no servirá de nada que las menos relevantes tomen iniciativas como las impulsadas por los países nórdicos durante la última década.

Los países más influyentes han decidido presionar en las anteriores reuniones para que todos los cambios de arbitrios hacia los países menos desarrollados se den a través de los mercados, lo que según algunos expertos ha lesionado el interés de las naciones pobres a la hora de financiar planes para adecuarse a las energías renovables. De otro lado han surgido incluso enfrentamientos políticos, ya que los países del bloque socialista sudamericano (Bolivia y Venezuela) se han negado totalmente a asumir el modelo que los influyentes pretenden imponer a nivel global.

Las potencias

En las últimas reuniones previas a la convención de Copenhague ninguna de las naciones más contaminantes ha cedido en absoluto, y se han defendido declarando que mientras no se tomen iniciativas e intereses globales ellos no darán un solo paso para transferir recursos tecnológicos.

La sorpresa llegó en Bangkok, cuando contra muchos pronósticos China decidió alinearse con los países miembros del G7 para exigir a todas las naciones contaminantes un compromiso serio y firme de reducción de emisiones, declarando que de no comprobar a través de los hechos la reducción de contaminación ellos no darán un paso atrás en el desarrollo industrial que han llevado a cabo y potenciado durante las últimas tres décadas, y que está haciendo crecer al gigante asiático a unos ritmos de media superiores al diez por ciento anual.

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