fue el último intento de las Naciones Unidas para que los países del mundo acordaran una reducción de gases contaminantes mayor que la del Protocolo de Kyoto.

Todo sobre la cumbre de Copenhague
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La XV reunión mundial sobre cambio climático fue una decisión impulsada desde la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el cambio climático. Esta convención ha ido organizando reuniones internacionales desde que la amenaza empezó a convertirse en verdad por el año 1995.

La meta de estas conferencias ha sido siempre preparar al mundo para las medidas que deberán tomar e inducir acuerdos en las naciones -sobre todo las más desarrolladas- para frenar los posibles efectos adversos causados por la mano del ser humano y evitar así problemas mayores en el futuro.

El objetivo que se habían esbozado los funcionarios de las Naciones Unidas para la cumbre de Copenhague era que los países del mundo pactaran un nuevo compromiso que sustituyera al Protocolo de Kyoto, ya que según la mayoría de los expertos, éste se ha quedado actualmente muy desfasado y es al mismo tiempo, exiguo para frenar el cambio climático.

En la conferencia estuvieron presentes –además de los máximos delegados de todos los países del mundo-, millares de especialistas que durante los últimos años han efectuado labores de campo en los 192 países miembros de las Naciones Unidas, para experimentar qué consecuencias ha traído la industria y la intrusión del ser humano en la naturaleza y de qué forma se pueden disminuir esos efectos.

Los técnicos alcanzaron la conclusión de que los países deberían concertar una disminución media del 30% de los gases de efecto invernadero, y además que esa disminución no fuera un simple compromiso, sino un convenio por el que todos los miembros de la ONU asumieran ser vigilados y controlados para que se cumpliera. Tal acuerdo como ya se sabía desde antes de celebrarse la cumbre era muy polémico y prácticamente imposible de llevarse a cabo.

Los acuerdos de Copenhague no empezarán a aplicarse hasta que entre el año 2012. Es por ello que numerosos expertos los han criticado porque, además de ser insuficientes, podrían llegar a aplicarse “cuando ya es demasiado tarde para frenar los efectos adversos de la contaminación”.

La ONU tenía previsto que se aprobaran revisiones que fijasen una reducción global de las emisiones de CO2 de al menos un 50% para 2050 respecto a los datos cotejados sobre 1990. Finalmente, tanto las potencias en desarrollo como China e India como los países industrializados más contaminantes –Estados Unidos en el lugar más alto más alto– han acordado un acuerdo simbólico de mínimos que queda muy lejos de los objetivos que se habían trazado los funcionarios de las Naciones Unidas, y que refleja la clara división entre las naciones en los aspectos de regulación industrial. En este sentido uno de los asistentes de la ONU a la cumbre declaraba a los medios que “hay mucha desconfianza entre todos los países, porque se piensa que si uno reduce la emisión pierde potencial industrial mientras que otro puede hacer caso omiso de los convenios y crecer muy por encima del país que los cumple”.

Esta ha sido la última conferencia para preparar un protocolo que sustituyera a Kyoto, este último acuerdo no fue firmado por los Estados Unidos, así que las Naciones Unidas tenían mucha esperanza en que la joven administración Obama se comprometiera con el Medio Ambiente e impulsara cambios relevantes.

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