calentamiento global

Ya no quedan dudas de que el ser humano es el medio predilecto, hasta el momento, que tiene la naturaleza para transformarse. Pero en tanto las transformaciones no tengan un signo colectivo de conciencia van a seguir siendo degradaciones del medioambiente en tanto medio vital, orgánico, biótico.

Las alarmas están encendidas desde hace tiempo. Los máximos responsables, los que podían revertir el proceso, los capitales que han provocado el daño y estimulado el consumo de productos “asesinos”, los que destinan un millón de dólares por minuto a la producción de armas, no han dado señales de entender el riesgo. La especie reduce aceleradamente sus posibilidades de futuro. Hoy ya se percibe el caos climático con una nítida estela de desastres.

Humeantes edificaciones en un lúgubre paisaje de desperdicios tóxicos. Columnas de negro humo sangrante. Son las plantas de combustible, las plantas de la extinción.

El calentamiento global es el resultado del efecto invernadero por causa de los gases pesados y el incremento de algunos de los que ya se encuentran en la atmósfera en determinados porcentajes, sin la intervención de la mano del hombre.

El dióxido de carbono, el metano o el óxido nitroso son algunos de ellos. Pero la actividad humana aumenta los niveles tóxicos ya existentes y contribuye con nuevos contaminantes, entendiendo por contaminante la presencia de un gas o sustancia en cantidades peligrosas para la salud del ser planetario, para las formas vivas, incluida la vida del hombre mismo.

Estos gases de difícil ascenso se acumulan en la base de la atmósfera obstaculizando la radiación terrestre, es decir, obstruyendo el “escape termodinámico” del calor hacia el espacio, que absorbe, en última instancia, la radiación solar refractada por el planeta Tierra. Se entiende que esta nube de gases pesados, además de deteriorar la composición de la estructura atmosférica dañando los filtros naturales, como es el caso del ozono, trastorna el ciclo de las estaciones modificando los biomas, provocando un ciclo del agua más rápido y violento, con sus consecuencias en el clima, la fauna, la flora, la hidrografía, las costas, en fin, un cambio dramático para todos.

El calentamiento global se aprecia con un aumento de 0,6ºC en cien años y las expectativas más optimistas anuncian un crecimiento de casi 2ºC por siglo. Si se sigue ignorando esta realidad, en breve tiempo alcanzaremos la temperatura que el planeta tenía hace 100.000 años.

Una imagen que castiga la conciencia y que desnuda la impotencia es ver la límpida bóveda celeste, en cuya base se expande la arbolada, una instantánea maravillosa de no ser por la emisión perniciosa de una abrumador atropello de nubes, estornudos industriales que entre líneas se sabe: Un genocidio, un suicidio, una intocable inversión protegida contra reclamos, defendida por el ejército y sostenida por nosotros, los consumidores de sus productos.

Guardando proporción con este desequilibrio térmico se registra también un aumento en el nivel del mar. Se están augurando cifras de crecimiento de hasta 80 cm. en este siglo. Una suba de esta magnitud puede dejar bajo agua países enteros, especialmente en los archipiélagos, con innumerables islas, como las del Caribe, Océano Índico o del Pacífico.

También, tras este ascenso de las aguas, habría muchas zonas afectadas en los bloques continentales, cerca de la costa. Quedarían total o parcialmente bajo agua Florida (EE.UU.), los Países Bajos, territorios de África y también en China. Las desembocaduras de los grandes ríos serán otro foco de desbordes, en las zonas portuarias y en el delta de los mismos.

Por eso se prevé que serán afectadas enormes poblaciones que viven en la desembocadura de ríos legendarios tales como el Ganges, el Indo o el Brahmaputra. Esto ya se está viendo en Bangladesh donde se vivieron momentos apocalípticos quedando, por las miserables calles inundadas, montañas de peces muertos.

Mientras que Egipto perdería una quinta parte de su suelo cultivable con el desborde anunciado para el río Nilo, en los próximos años el caos climático afecta amenaza con la desaparición de la Tundra y, según estimaciones de la NASA y en lo que tiene que ver con el descongelamiento de los casquetes polares, en Groenlandia se vienen perdiendo 155 millones de toneladas de hielo, masa derretida entre los años 2003 y el 2005.

La industria, el capitalismo y los tóxicos

Siempre conviene no conformarse con las causas inmediatas de un problema sino que ir más allá y ver qué es lo que genera las mismas causas inmediatas del desequilibrio.

Este ejercicio no debe ser muy fácil ya que por lo general no se pone en práctica reaccionando, la mayoría, contra la “causa” más cercana, fallando por ello en la erradicación del problema por no acertar a su causa fundamental.

Veamos un río que recibe contaminantes de una curtiembre que da trabajo a un sector importante de la población desde hace años. La fábrica no puede competir si invierte en filtros y tecnologías sanas ya que se trata de una inversión para la vida de todos que no se amortiza ni se tiene en cuenta en la inversión original para la explotación específica.

Esto no sólo ocurre por falta de interés político y el desuso obligatorio, diría yo, de la protección a la región por parte de sus representantes, esto pasa porque el sistema lo propicia y el sistema no lo manejamos hoy los pobladores, ni siquiera los gobernantes.

El sistema lo tienen en sus manos los grandes capitales que, encubiertos o no, tienen nombre y apellido y les cabe, sino toda, grandes porcentajes de la responsabilidad en estos ultrajes a la vida

Los fertilizantes usados en la agricultura intensiva liberan óxido nitroso, uno de los peores contaminantes ambientales. Este tipo de cultivo que se esfuerza en producir lo más posible en reducidos espacios para tener posibilidades en el mercado es una consecuencia del sistema impuesto.

Las tecnologías contaminantes como los vehículos y los aires acondicionados son también fuentes de desorden atmosférico que seguirán su carrera en pos del fin de no regularse la producción tecnológica condicionada a la salud ambiental.

Debe comenzar a usarse el ingenio para sanear sin mayor gasto lo que “sin querer queriendo” hemos venido enfermando. Es el momento de crear aparatos de renovación ambiental, de depuración de corrientes de agua, de vivificadores. Tecnologías productoras de aire puro y de materiales biodegradables con aportes que sumen riqueza al suelo en lugar de destrucción a nuestro entorno.

Aunque se está logrando una convocatoria importante en el tema tras el Protocolo de Kyoto (1997), no hay adelantos en el compromiso ambiental ni de desarme de armas atómicas.

Al contrario, las armas nucleares se siguen produciendo y las han convertido en armas convencionales susceptibles a ser y adquiridas por cualquier nación y hasta ciertas por facciones violentistas.

Basta con ingresar a la lista de proveedores de armas en el mercado negro liderada por autoridades militares corruptas o ex jerarcas de la U.R.S.S. que ahora volcaron para la mafia sus conocimientos de espionaje, su información confidencial y sus armas de destrucción masiva.

Pero esto es un mal menor considerando que los ejércitos más poderosos del mundo ya no son la estructura defensiva de los pueblos sino más bien al contrario oprimen al pueblo porque se han convertido en la guardia personal de unos pocos. Se conoce que el ejército de EE. UU. Se dedica a proteger las inversiones de los grandes empresarios a lo largo y ancho del mundo entero.

Esto significa que esa distribución de armamento entre los países del Tercer Mundo es un corrimiento concedido, una capacidad mortífera que seguramente será usada en guerras intestinas o vecinales donde nunca está, en la mira, el sigiloso guante del poder.

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