Las jerarquías federales de Estados Unidos pronunciaron una señal de alarma solicitando a los agentes policíacos de Houston la inmediata detención de Ahmed Muhammed Dhakane. Existen, según la policía, indicios de su vinculación a una organización con fuertes vínculos con Al Qaeda. Esto despertó honda preocupación en la población debido a la permanente amenaza de atentados.

El Departamento de Seguridad norteamericano presume que este ciudadano somalí, de veinticuatro años, pretende cruzar a Texas por territorio mexicano.

Los antecedentes que se esgrimen para el alerta sobre este supuesto terrorista, sólo se remiten a un precedente judicial que indica fue partícipe de un contrabando de cientos de personas desde Brasil -la mayoría de nacionalidad africana- hacia Norteamérica, pero nada se dice sobre terrorismo, armas o planes de atentados. La portavoz policial, Christina Garza, se remitió a manifestar que no podía dar detalles, aunque afirmó que el joven somalí tiene conexiones con grupos terroristas.

Resultan particularmente curiosas estas situaciones justo ahora, en que Estados Unidos vive un clima muy particular en torno a la problemática de la frontera. En Arizona, Mc Cain descarga toda su artillería política contra Obama, buscando implícitamente una reelección como senador. Arizona se opone tajantemente a la reforma migratoria, por el contrario, impulsa una controversial ley que contempla como infracción estatal, la inmigración de ciudadanos indocumentados. Este proyecto ha sido rechazado de plano por el presidente, quien considera que empeora la situación en vez de contribuir a bajar la presión del problema migratorio.

Ante acusaciones severas que causan conmoción pública -con carencias serias de argumentos- este caso siembra dudas, dejando una suerte de misterio a la campaña que alimenta el clima de xenofobia que imperando en zonas fronterizas de Estados Unidos.

Los agentes añadieron nuevas pruebas contra Dhakane en las últimas horas, justificando la señal de alerta emitida. Empero, se refieren a que hace dos años fue acusado de fraude migratorio al pedir asilo. Su delito en este caso es el de mentir estando bajo juramento. Esto no quiere decir que sea un delito menor, pero no es una prueba contundente que acredite su vinculación a una red terrorista.

En el contexto que se está viviendo, este hecho no parece presentarse como una casualidad, sino más bien como una causalidad. Hay muchos intereses creados, disputas políticas, promesas electorales que se ven truncadas y frustrando expectativas de vida... ¿Tendrá algo que decir la opinión publica de esto?

Lanzar un alarma de atentado terrorista, con el peligro del inminente ingreso al país de un ciudadano vinculado a Al Qaeda, es algo de una importancia trascendental. De ser una estrategia política, sería demasiado grave como para pasarlo por alto. Es interesante recordar lo que Voltaire reflexionaba: “Decimos una necedad y a fuerza de repetirla acabamos creyéndola”.

Aquí está en juego la credibilidad del propio Estado

Mientras todo esto acontece, hechos así dejan una honda preocupación en cuanto a la anhelada reforma migratoria. Hay exacerbadas rencillas políticas y cada jugada que realiza el Gobierno o la oposición, asemejan más a un perfecto juego de ajedrez, sólo que las piezas son ciudadanos y las consecuencias la viven inocentes.

Mientras tanto, quienes confiaron su voto con la esperanza de regularizar su situación de ilegales, siguen esperando una propuesta más concreta.

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