El euro sigue sin estabilizarse, los gobiernos menos preparados como Grecia, Portugal y España viven una gran crisis, por lo que se comienzan a tomar medidas drásticas.

El camino hacia una economía que permita mayor competitividad es una de las grandes afrentas que tiene la Comunidad Europea hoy en día. Las soluciones no son simpáticas, reducir el gasto público y mayor presión fiscal son las medidas a adoptar; y se teme por posibles explosiones sociales. Sin embargo, al momento los principales países comprometidos como España y Portugal tienen muy poco margen de maniobra.

El dilema está en un país que por las presiones se empobrezca ó aumente el desempleo. Dos medidas absolutamente impopulares, pero la última de estas es la más costosa, ya que es el propio Estado quien debe socorrer a los desprotegidos que se quedan sin trabajo.

Si bien la caída del euro puede ayudar a las importaciones, por el contrario, esto debilitaría las exportaciones.

Los estallidos sociales son un peligro latente, además de ser una clara muestra para los gobernantes de los límites que no pueden traspasar, las barreras de sensibilidad de sus compatriotas que no se deben erosionar.

La semana pasada el euro cayó un doce por ciento, algo preocupante si se tiene en cuenta que esto se dio después de que la UE aprobara junto con el FMI el plan de rescate para Grecia. Esto se traduce en confianza aún endeble.

El euro enfoca las molestias de los mercados, señalando la fragilidad de los estados menos solvente en la eurozona, como Grecia, España y Portugal. Las medidas adoptadas fueron paliativos para ganar tiempo, ahora dependerá de estos países y los demás de la zona, menos comprometidos, el cómo encaran responsablemente sus cuentas.

Las recomendaciones son claras, el déficit público no debe traspasar el 3% de su PBI. Un desafío por demás importante para los países que están muy alejados de esas cifras. Pero el compromiso lo exige, al 2012 las cifras deberán ser así, y ese tubo de oxígeno es para que los gobiernos estén a la altura de las circunstancias, no habrá más salvamento. Quienes caigan naufragarán en un mundo voraz asumiendo el riesgo de tener que abandonar el euro, como casi le sucedió a Grecia hace poco.

Los inversionistas no ocultan sus temores, sobre todo en cuanto a si los gobiernos serán capaces de adoptar las medidas impopulares que deberán afrontar, todos los políticos tienen su ego y nadie quiere quedar como el malo, aún cuando el bien nacional así lo requiera.

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