Contrato Psicologico
Contrato Psicologico

Es común hablar de contrato laboral, pero lo que muchos no saben es que también existe uno de tipo psicológico, el que tiene encuentra su razón de ser en el grado de implicación entre el empleado y la parte contratante, a través de la fijación de privilegios, derechos y obligaciones para ambas partes, además de entregarle al trabajador la posibilidad de desarrollarse en forma integral. Las expectativas de asumir funciones de mayor preponderancia y con una mejor remuneración, forma parte de estas expectativas.

El contrato psicológico se considera como la expectativa existente entre las partes de hacer un buen trabajo y conseguir las metas propuestas. Cada uno tiene sus propios “contratos psicológicos”, los que condicionan las relaciones para con los demás y consigo mismo.

El principio de escrituración en los contratos, no prima en los pactos psicológicos entre quienes los suscriben, pues se trata de intenciones que quedan claras y se consuman al momento de celebrar un contrato de trabajo tradicional, sin embargo, evita una fuente de conflicto laboral clásica, cual es la falta de acuerdos claros entre patrón y empleado. La dignidad y la importancia que tiene cada una de las partes contratantes forman parte integral de este pacto psicológico, el cual genera la expectativa al empleado de ser tratado con respeto y otorga una posibilidad de crecimiento dentro de la compañía.

Claves del contrato psicológico

Objetivos

El contrato psicológico surge en razón de un acuerdo que, materialmente, queda plasmado en el contrato laboral, pero cuyas intenciones y expectativas recíprocas siguen siendo un campo en el que la ley no se inmiscuye, aunque la reconoce tácitamente en la “buena fe” que debe primar entre las partes contratantes. Mientras la empresa hace ciertas cosas por y para el empleado, éste hace otras por y para la empresa, así el compromiso de realizar el trabajo de la mejor forma posible, intentar mejorar e innovar en la consecución de los objetivos propuestos, es dar más de lo que legalmente se ha pactado… pero forma parte de un contrato invisible, uno de tipo psicológico que muchos llaman “fidelidad laboral”.

La empresa debe esforzarse por reconocer las habilidades del empleado, para prepararlo y posicionarlo en un puesto que sea el más adecuada según sus potencialidades, con una remuneración justa y proporcionándole la seguridad de poseer un status merecido.

El actuar del empleado y el empleador debe llevarse a cabo con el máximo respeto y consideración, donde ambas partes comprendan que una tiene el deber de velar por el crecimiento de la compañía y la otra por la consecución de las metas necesarias para que dicho crecimiento sea efectivo.

Temporalidad

El contrato psicológico, al igual que los contratos escriturados, cambia con el paso del tiempo y las necesidades, por ello hay que prestar atención a las condiciones en que se es contratado o en las que se ofrece al trabajador un determinado puesto. Aunque las diferencias pueden ser sutiles, en ocasiones son una causal de término anticipado de la relación laboral.

No hay duda que un trabajador de 20 años de edad no va a requerir las mismas cosas que otro de 40, así como también queda claro que las empresas demandarán una respuesta determinada en períodos de expansión respecto del trabajador, muy distinta a lo que requerida cuando ya está establecida o su programa indique que sólo requiere de mantenerse vigente.

El contrato psicológico en la práctica

A pesar de que son muchas las personas que le restan mérito o credibilidad a este contrato invisible, es una causa real de término de contrato. Entre los detalles que conllevan a una desvinculación laboral, por parte del trabajador o la compañía, están la insatisfacción en los deseos de crecer profesionalmente, la falta de un reconocimiento apropiado de sus funciones o simplemente la incomodidad de sentirse parte del proyecto que se desarrolla.

Otra de las razones por las que no debe menospreciarse el contrato psicológico, es que en la celebración de cualquier contrato, lo que hay en el fondo es un “acuerdo de voluntades” que nace a la vida del derecho bajo una presunción de validez, es decir, subentendiendo que las partes contratantes lo han suscrito de mutuo acuerdo y con la intención de cumplirlo a cabalidad, bajo el amparo de la ley.

La manifestación de voluntad en la práctica, es la expresión fáctica de la intención que tiene cada parte contratante de realizar una prestación (dar, hacer o no hacer algo) a cambio de una contraprestación determinada. La prestación y contraprestación son un elemento fundamental en el contrato psicológico y una base para todos los tipos de contratación.

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