Foto de Carolina Velasco

Día Internacional de los Trabajadores, una especie en extinción

El Día Internacional de los Trabajadores, reminiscencias de una especie en extinción.
Día del trabajo
Día del trabajo
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Nuevamente se celebra en el mundo el Día Internacional de los Trabajadores, fecha sacrosanta en que año a año se repite la liturgia del discurso encendido y las peregrinaciones exaltando a la clase trabajadora, el Día Internacional de los Trabajadores, al igual que los trabajadores son especies en extinción.

1º de Mayo de 2010; es decir 121 años después de haber sido instaurado por el Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, el mundo de entonces ya no es el mismo y la lucha de clases, el movimiento obrero y los sindicatos son especies en extinción, lo mismo que el trabajo.

El trabajo es una especie en extinción, aunque esto no significa que ya que no habrá que trabajar, no, muy por el contrario el trabajo, la actividad laboral ha pasado de ser un castigo bíblico por aquello de “ganarás el pan con el sudor de tu frente” a un bien escaso, con hordas de personas que sufren el desempleo en todas partes del mundo, pero especialmente en los países desarrollados, cuna de los movimientos obreros en el caso de Europa y del sindicalismo organizado como es el caso de Estados Unidos y, que a diferencia del mundo “en vías de desarrollo” o “países emergentes” han conseguido los más sólidos y avanzados sistemas de protección laboral y derechos adquiridos, pero ¿para qué sirven los derechos, si no hay trabajo?

En el otro extremo, los países emergentes han hecho de la mano de obra barata uno de los secretos de su éxito económico y en los que el mayor derecho a que se puede aspirar como trabajador es a ser explotado y encima sentirse agradecido por ello.

En muchos países del mundo se repetirán la escena, discursos, promesas, exaltación de la clase trabajadora, disturbios aislados, el reconocimiento de las clases dirigentes al valor que tienen las personas en el sistema, las manifestaciones –año a año más escasas de convocatoria- y toda la monserga habitual de hechos que se repiten como fotocopias animadas a lo largo y ancho del mundo.

Hoy, en los países desarrollados –en unos más que en otros- el desempleo se ha disparado y se levanta hacia las sociedades como uno de los jinetes del Apocalipsis actual..

De qué valen los discursos encendidos y el reconocimiento de la clase obrera, más que para sonar como las añoranzas de tiempos que se fueron y de los que sólo quedan bonitos recuerdos que cayeron con las barricadas de París y el Muro de Berlín.

Estamos ante el nacimiento de un nuevo orden, de un nuevo sistema; ante una nueva revolución la que, como la industrial supone un cambio en la matriz productiva, tecnológica y de las relaciones, especialmente de las laborales.

Se acabaron los trabajadores, entendidos bajo el concepto del siglo XX; es decir estabilidad, seguridad laboral, derechos adquiridos, incluso la jornada laboral de ocho horas y a casa… todos ellos privilegios que mantiene un mínimo sector de la población activa, la mayoría de ellos hijos del baby boom de los 60 y que ve acercarse el retiro, con la pensión, el reloj y la placa de servicios prestados…. como en los buenos viejos tiempos… una especie de trabajadores en extinción.

Ellos pueden celebrar el Día del Trabajo, pero ¿qué pasa con los jóvenes, con los inmigrantes, con los millones de personas que han sido condenadas a la exclusión social provocada por la crisis económica y el cambio de modelo, donde no tienen cabida?.... También están en extinción.

En el nuevo sistema se potencia la autogestión, el emprendimiento, los derechos adquiridos son los que cada uno pueda adquirir para sí mismo, ya no existen los empleadores benefactores del siglo XX ni las pensiones públicas, ni siquiera los contratos.

Esto no es una queja, ni un manifiesto ante el sistema, es simplemente una reflexión… agitar banderas y declamar encendidos discursos exaltando conquistas y derechos que no tienen cabida ni sentido en el nuevo orden son historia pasada, que para la gran mayoría de los seres humanos de este planeta o son vestigios de una forma de vida anacrónica, o que, incluso jamás han tenido acceso a ella.

En el nuevo mundo que se está gestando, las relaciones laborales no serán reguladas por criterios de protección, cotizaciones, pensiones y derechos si nos lo construimos nosotros mismos, los afortunados que puedan, pero para una inmensa mayoría de seres humanos el Día del Trabajo es un discurso pasado y añejo, lejano a sus realidades….

¿Para qué existen derechos de los trabajadores, si no hay trabajo?

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