Hace seis años se vivía, en España, el terror de los atentados del llamado 11-M (11 de Marzo) cuando, detonadas en tiempos diferentes, explotaron diez cargas transportadas en mochilas. La primera explosión ocurrió a las 7:37 hora local (Madrid), apenas un minuto después dos explosiones más en el mismo tren terminan de generar el caos cerca de la estación Atocha.

En la estación de El Pozo se detonan dos bombas más y también en Santa Eugenia. El ataque terrorista cumple implacablemente su sangrienta agenda. Cuando son cerca de las 7:40 otro convoy estalla con 4 artefactos explosivos a medio kilómetro de Atocha.

Fueron en esos pocos minutos de dolor y absurda violencia que cobró 191 vidas y dejó más de 1800 heridos, la mayoría inmigrantes, gente socialmente desprotegida, trabajadores que se disponían a su rutina diaria en la gris existencia donde buscaban formas de subsistencia en un mundo de repartos arbitrarios y de grandes injusticias, algunas de ellas institucionalizadas, como lo son las libertades reales a la hora de estudiar, trabajar y vivir dignamente.

En el Corredor de Henares y Madrid se sufrió entonces el peor atentado que ha azotado a España en su historia. RENFE se detiene, la gente se moviliza entre sirenas y pánico, algunas líneas del tren subterráneo también son suspendidas mientras que se embotella en tránsito congestionado por la falta de acceso al centro de la ciudad.

La incidencia en la órbita política

En un primer momento, todos los partidos, con excepción de ETA, atribuyeron esta macabra acción al movimiento revolucionario de vasco. Era la hora de almuerzo cuando Arnaldo Otegui, dirigente de esta facción, negó la participación de ETA en el atentado. Sin embargo, pese a que por lo general ETA acostumbraba a avisar antes de cometer un “acto de terror”, la policía ni los políticos de turno descreyeron de las declaraciones emitidas por el líder del movimiento por el “País Vasco”.

Mientras que el socialista recientemente electo, Rodríguez Zapataro condena prudentemente el “golpe” sin mencionar autores, el Aznar, en retirada sigue sugiriendo que fue la ETA:
«Todos sabemos que este asesinato masivo no es la primera vez que se intenta. …Lograremos acabar con la banda terrorista».

Aunque la evidencia ya eximía a ETA de culpas en lo que a esta cuestión se refiere, la ministra de exteriores, Ana Palacio, envía una carta a los embajadores diciendo que el ministro del interior ha confirmado la autoría de ETA. Pide exclusivamente que no se siembren dudas al respecto.

La investigación, aunque mostraba claramente otro modus operandi, siguió considerando a ETA como primer sospechoso cuestión que se intentó politizar este episodio aun teniendo elementos firmes para dirigir la “el ojo” hacia otro lado. Se dijo que ETA no siempre reivindica sus acciones terroristas y nunca lo hace de inmediato.

En el mismo tenor la ONU, a instancias de los pedidos de Francia y España aprueba sin debate la resolución 1530 en la que está implícita, sin revisión, la participación de ETA en el atentado del 11-M.

La búsqueda de los responsables

Las sospechas recaen enseguida sobre la ETA. La organización extremista del País Vasco lo desmiente pero el gobierno de José María Aznar, a tres días de ser desplazado por José Luis Rodríguez Zapatero en la presidencia del “toro hispano”.

Las primeras pistas apuntan hacia el terrorismo islámico. El día 13 del mismo mes 3 ciudadanos marroquíes y dos indios aparecen en los periódicos. Uno de ellos, Jamal Zougam , que se le acusa como uno de los que perpetraron el atentado en forma material, son de tenidos en relación con el sangriento episodio que afectó a 4 trenes con pasajeros de la empresa Cercanías de Madrid.

Las pesquisas se basaron en un aparato que alcanzaron a desactivar y que conduciría, a saber, a una facción de un grupo vihadista. Por otra parte no sería este el primer atentado árabe en la región ya que en el año 1985 murieron 18 personas en el restaurante “El Descanso” a causa de un atentado atribuido también a fanáticos religiosos del mundo musulmán.

La masacre, al parecer ocasionada por medio de un explosivo que se usa en las canteras, Goma-2 Eco, se preparó con total alevosía ya que las mochilas se detonaron cuando más tráfico había, cuya hora exacta quedó registrada, en cada caso, en las grabaciones de vídeo tomadas por el sistema de seguridad de la estación Atocha.

Pasadas la hora 10, de la mañana, se avisó a la policía de una furgoneta que, se dijo había sido abandonada cerca de la estación Atocha por ocupantes que cargaban mochilas. Dentro de la misma la policía encontraron siete detonadores, restos de un cartucho de dinamita y un “casete” con caracteres árabes que, tras ser analizada, se descubrió contenía fragmentos del Corán.

El Domingo 14 de Marzo el Ministro del Interior da cuenta de que un portavoz de Al Qaeda asume la autoría en un video que primero se anunció por medio de un aviso telefónico a Telemadrid.

Finalmente en este caos de dolor, intereses políticos y desconcierto social, se detuvo a los ya mencionados marroquíes y a los dos ciudadanos de la India dejando un halo de penumbras en el ámbito de las declaraciones públicas y la forma de proceder de los representantes del PP.

La reacción de la gente se patentó en las marchas universitarias españolas en rechazo contra actos de este tipo, manifestaciones silenciosas que convocó el gobierno en repudio contra ETA. Una de las protestas que concentró mayor cantidad de gente y donde saltaron muchos desencuentros. Se unieron a estas marchas, por vez primera en la historia, miembros de la familia real como el príncipe Felipe y las infantas Elena y Cristina de Borbón.

A dos días de las elecciones se gritaba también en las calles de Madrid y de otras ciudades de España: “¡El PP miente, queremos la verdad!” exigiendo saber quienes fueron los asesinos antes de votar.

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