Los baños de sangre de la Condesa Erzsebet Bathory

En el año 1560 nace una aristócrata en Hungría que se hizo conocer como “La Condesa Sangrienta”. Formaba parte de una de las familias más influyentes de los Cárpatos, los Bathory, que descendían de las legiones de Atila (Los Hunos) que dejó una estela de terror y crímenes en los territorios de Hungría aprovechando su privilegiada posición social.

Esta familia de nobles comenzó ascender en le “escalinata” social por el siglo XIII hasta ascender, integrantes del grupo, a los tronos de Polonia y el lúgubre reino de Transilvania, considerado el espacio del cruel Conde Drácula. Su influencia fue decayendo hasta su total desaparición en el siglo XVII.

Una de las características de las familias de alta alcurnia de esta época es un elitismo tan pronunciado, donde los vínculos parentales comprometen el poder de la realeza, que obliga el matrimonio entre familiares para conservar y unificar territorios e intereses de una dinastía.

La endogamia no es una práctica excepcional en la historia ni exclusiva de la Europa medieval. También se llevó a cabo, por razones similares, en Oriente, en el Antiguo Egipto y en muchas otras culturas que le conferían a los reyes y a sus hijos una ascendencia divina.

Pero lejos de purificarse, tales mezclas genéticas, terminaban produciendo muchas “aberraciones”, demencias, atrofias y ciertas perturbaciones mentales que convertían a los “enfermos” en seres peligrosos en tanto tenían impunidad y medios para cometer sus crímenes.

Desde la perspectiva investigativa del crimen los móviles que llevaban al crimen, a estos “monstruos” sociales, son pocas veces inteligibles ya que sus mentes rayan en la locura por eso, la lógica del crimen, pierde alguna huella aquí, desperdiciando el tiempo en buscar estímulos más frecuentes en el asesino ordinario, como la avaricia, el odio, el resentimiento, los celos, la ira.

La Condesa Bathori estuvo rodeada de ambientes brujeriles y de cierta propensión a la magia negra en la que, al parecer, fue introducida por su nodriza.

Se cuenta de su belleza deslumbrante y de su matrimonio con el Conde Ferencz Nádasy que se dedicó más a los campos de batalla, con excepcional mérito y valentía, que al cuidado de su joven esposa. Esta “soledad”, y el hecho de haberse trasladado a uno de los 17 castillos que el matrimonio tenía en entre sus propiedades, debió llevar a la joven a un aburrimiento patológico que desencadenaría su posterior “perversidad”.

Su poder incuestionado dentro de la nobleza húngara le permitió esclavizar, torturar y asesinas cientos de doncellas a las que engañaban ofreciéndoles trabajo en el palacio.

Convencida de que bebiendo sangre humana y bañándose en la misma regularmente mantendría sus encantos, la Condesa Sangrienta, en complicidad con sus súbditos, llegó a asesinar más de 600 mujeres jóvenes siendo finalmente descubierta en el año 1610. Para poder descubrirla y apresarla debió intervenir el propio rey Matías quien se dejó caer sin aviso con sus allegados en el castillo de Csejthe, descubriendo el horror:

Cientos de cadáveres estaban enterrados en los alrededores de castillo, se encontraron mujeres laceradas y vivas aun alas que se les “ordeñaba” sangre diariamente.

La cruel condesa Erzsebet usaba un aparato llamado “la Doncella de Hierro” con la que recibía a las jóvenes. Era una mujer hecha de hierro, desnuda, toda ataviada de alhajas. La condesa las incitaba a ceñirla, comandando a la “Virgen de hierro” seductoramente hacia la invitada que al abrazarla quedaba presa entre sus brazos metálicos. Repentinamente, como flores mortales se abrían los aparentes senos de la “estatua móvil” y dos puñales atravesaban el pecho de la infortunada.

Obsesionada por los baños de sangre y por las relaciones homosexuales, la condesa aprovechó el fallecimiento de su esposo para entregarse libremente a sus instintos más espeluznantes, sin nadie que la contuviera y dueña de una inmensa fortuna esclava de su sadismo y decidida a no envejecer jamás.

No ejecutaron a la Condesa Sangrienta, la encerraron en un pequeño recinto de su propio castillo, tenía solo una rendija por donde le daban el alimento y el agua. Así murió esta sádica beldad que cosía las bocas de las doncellas para que no gritaran mientras quemaba, con hierros ardientes sus rostros, pechos y genitales.

Muere emparedada a los 54 años. Su impresionante resistencia sorprendió a sus ejecutores ya que, viviendo entre sus heces, en ese lugar estrecho, húmedo y oscuro, se mantuvo viva soportando la horrible reclusión por 4 años.

Queda bien evidente, en esta espantosa historia real, que el poder y el status arropó, acalló y permitió la masacre que, cuando no salva al rico, desampara al pobre.

El “loco de la luna” mata a niños pobres

Con antecedentes familiares trastornados, Albert Fish, fue el primero de 10 hermanos y, su informe médico, lo diagnosticó sádico, masoquista, voyeur, exhibicionista, pedófilo, homosexual, fetichista, caníbal y comedor de excrementos.

No es este el caso de un magnate, sin embargo, sus víctimas eran niños de color, lo que le mantuvo impune por dedicarse a las clases sociales más desprotegidas. Además se movía, para no ser encontrado, dejando rastros de sus pasos por 25 estados.

Las noches de luna llena salía a “cazar” porque le daban unas ganas irresistibles de comer carne humana. Era de los que gozan con el sufrimiento y luego se flagelaba a sí mismo aplicándose verdaderas torturas.

Se metías astillas bajo las uñas, agujas en los testículos, llegó meterse una aguja de tejer por la uretra y prenderse bolas de algodón empapado de alcohol en el ano, para castigarse por sus crímenes.

Engañaba a los niños disfrazado de abuelo “cariñoso”, ofreciéndoles golosinas y luego los mataba a golpes, los ataba cortándoles nariz, rajándoles la boca y arrancándoles, a las pobres criaturas, los ojos. Después se los comía en diferentes platos, dejando pocos rastros o ninguno de sus víctimas.

Fue a los 55 años de edad que alucinó su oscura misión sugerida por Cristo. Era por medio del dolor que la humanidad expiraría sus culpas. El maníaco de la luna tenía una mente religiosa, un remordimiento que lo llevaba a azotar sin piedad.

Sometió a aberraciones insólitas a más de 100 niños y mató a 15 comiendo sus trozos, cuestión que al parecer le producía gran complacencia sexual. En su cuerpo habían más de 29 agujas que al momento de electrocutarlo hice saltar los fusible y hubo que hacerlo otra vez.

Los jovencitos vagabundos eran sus preferidos porque eran fáciles de tentar y no los buscaban con tanta persistencia.

Similar a este “abuelo maldito” y también con perversiones caníbales y homosexuales fue el “Carnicero de Hannover”.

Fiedrich Haarman fue un sobreprotegido de su madre y maltratado por su padre que ve en él actitudes y tendencias hacia su mismos sexo.

Más adelante abusará de menores y se dedicará, junto con un cómplice homosexual que lo ayuda, en el negocio de venta ilícita de carne. Alemania salía de la guerra y la carne escaseaba. Hasce de soplón de la policía y vemos aquí otra forma de poder aprovechado por esta gente enferma: la complicidad con los representantes de la ley.

Sus víctimas eran buscadas en la estación de tren, aprovechando la situación de jóvenes que venían a buscar trabajo, también secuestraba niños escapados de sus casas o los niños venidos en trenes de refugiados.

Los engañaba porque estaban necesitados, les ofrecía dinero, alojamiento, trabajo y los estrangulaba con una soga o degollaba. Luego vendía su carne como carne porcina y se deshacía de todas las pertenencias que quedaban vendiéndolas también.

Fue descubierto cuando ya había matado a decenas de jóvenes de entre 14 y 25 años, 500 huesos enterrados en el patio y cráneos esparcidos por los alrededores, sumado al insistente rumor de que vendía carne humana terminó apuntando hacia él y la policía allanó en lugar por fin. Confesó sus crímenes e intentó “salvar” del proceso a su amigo y secuaz. Fue guillotinado en el año 1926.

Su amistad con la policía, posesión de bienes y el hecho de no haber asesinado gente importante, le dio tiempo de convertirse en uno de los asesinos seriales más nombrados que además, en el año 1974, fue eje de una película que lo describe, desnudando su terrorífico negocio. Ver parte I de Asesinos seriales.

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