Foto de Daniel Stack

La curiosa cárcel de San Pedro en Bolivia

La carcel de San Pedro
Flickr.com

Hay una cárcel, en la capital boliviana, donde algunos la pasan como en el cielo y es precisamente en la prisión de San Pedro donde se hace posible este curioso experimento social: Los reos trabajan, pagan alquiler por sus habitaciones y algunos viven con sus familiares.

San Pedro es la cárcel más grande de La Paz, puede albergar hasta 1500 reclusos, ordenada mediante un régimen interno, está comandada por los propios presos quienes controlan el respeto de las reglas.

Dentro del recinto carcelario funcionan varios locales de venta de comidas y variedades. La prisión de San Pedro es también, extraoficialmente, sede de visitas para ciertos turistas, especialmente para los extranjeros que quieren ver de cerca la cocaína más pura del mundo.

Lo más curioso de este centro penitenciario es lo que lo convierte en el penal más atractivo, extraño y polémico del momento ya que debido al negocio del “oro blanco” se vive dentro del los muros una libertad sorprendente.

Lo cierto es que la prisión más curiosa de Latinoamérica, parece un barrio pobre más que una cárcel y, por sus particulares condiciones, se vive allí un micro hábitat social muy singular que lo convierte, cuando menos, en un centro de atención para los amantes de lo exótico, del comportamiento de grupos en diferentes contextos y bajo las presiones propias del cautiverio.

De los 1350 internos, que hay en la actualidad, 40 son extranjeros, la mayoría peruanos, pero los hay también sudafricanos y de algunos puntos de Europa, todos ellos relacionados con el tráfico de drogas.

Si bien las autoridades niegan la existencia de los mismos, han aparecido novelas y artículos escritos por visitantes y expresidiarios, que hablan del comercio de sustancias ilegales. Debe decirse que el 80% de los reclusos están demorados por delitos relacionados a las drogas. Aunque solo el 25% de los que están dentro tienen sentencia dictada, los demás están a la espera de la misma.

Rusty Young, que estuvo unos meses en la prisión de San Pedro de La Paz publicó en el año 2003 una novela, la traducción del título de la misma es “Polvo que se va”, inspirada en la experiencia que vivió allá. Una periodista británica, así mismo, se filtró en el penal cuando se enteró que se organizaban tours de dos horas por el interior de la prisión con un costo de 35 dólares.

Si bien no está oficialmente reconocida, la visita a la afamada prisión, no puede faltar en la trayectoria turística de los “trotamundos”, los mochileros y los amantes de las emociones fuertes.

La fama del lugar se debió a que un recluso que cumplió, en esta prisión, una pena por narcotráfico, Thomas McFadden, luego de salir de prisión comentó a un turista israelí sobre la vida dentro de la cárcel de San pedro, mostrando de inmediato el turista mucho interés de conocer el lugar. La gente de la capital boliviana fue corriendo la voz y antes de poder darse cuenta, Thomas, ya tenía su propio negocio.

ImagenEn el interior del predio, dividido en ocho partes, viven más de 200 menores con sus padres. Hay kioscos, restaurante y hasta un hotel. No hay guardias, tampoco uniformados ni las ventanas tienen rejas y se pueden hallar habitaciones pobrísimas y otras hasta lujosas.

Pero esta relativa libertad les cuesta dinero a los presos que deben pagar sus habitaciones y para ello trabajan dentro del predio en labores de diferente índole: desenvolviendo habilidades en la cocina, mediante oficios o artes como la peluquería, la repostería, etc.

El valor de las celdas oscila entre 1000 y 1500 dólares y el inquilino podrá usarla hasta cumplir su sentencia. También existen zonas más humildes donde los presidiarios deben compartir una misma celda.

La violencia dentro de la prisión se recrudece en las noches dado que la policía no interviene en tanto deja este orden en manos de los sectores democráticamente elegidos entre los mismos reclusos. Las muertes totales rondan las cuatro por mes contando también las muertes por causas naturales.

En el patio hay una piscina que se vacía con frecuencia. Allí ha habido ya varias muertes porque es el lugar donde los contrincantes “arreglan sus problemas”.

Una cancha deportiva protagoniza los juegos de pelota en el complejo carcelario. Hay equipos de futbol y se organizan apuestas donde se mueven unos 20 000 USA al año. En San Pedro, quien tiene buenas piernas puede elevar su status accediendo a los sectores más ricos del penal.

Vemos que dentro de esta penintenciaría se reproducen los valores de afuera y el dinero organiza estructuras insólitas. No es cuestión de criticar o ponderar pero sí merece tenerse en consideración como un fenómeno muy particular: Una expresión exótica modelada en la matriz de la vida del hombre postmoderno.

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