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¿Qué aspectos debería reformarse para disminuir la delincuencia?

Existiría un modelo conductual del criminal o delincuente, quienes serían temperamentales en exceso y además temerarios...
¿Qué aspectos debería reformarse para disminuir la delincuencia?
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El nivel de delincuencia mostrado en los países sudamericanos, en general, es sorprendentemente alto, tanto así que las autoridades se han reunido en varias ocasiones para tratar temas conjuntos de gran escala, como lo son el tráfico de vehículos robados y de drogas, entre otras cosas. Algunas teorías apuntan a un enfoque económico de la situación, por lo que se subentiende hay una reciprocidad en la tasa de los delitos que son registrados, los resueltos y en la distribución de la fuerza policial dentro del territorio especificado.

Sin duda que algunos de los elementos más influyentes en el aumento de la delincuencia a nivel sudamericano, es el de la baja situación laboral que se vive, donde los porcentajes de desempleo preocupan, también está el tema de la renta per cápita, que no alcanza a satisfacer las necesidades de la sociedad y, en último lugar también se debe mencionar el nivel educativo, pues hay pruebas fehacientes de la proporción de delincuencia y nivel educacional de los perpetradores de nuevos delitos.

Ciertamente, hasta hace muy poco la tendencia se dejaba caer sobre la idea de analizar al delito como tal en alguna disciplina asociada a la sociología como tal, no obstante ello, gracias a la influencia de posturas como las de Becker y Ehrlich, se sostiene una "teoría económica del delito", la que presenta como base a los agentes económicos, quienes son potenciales infractores de las normas establecidas y, además, seres racionales que optan por la comisión del delito por los beneficios que en esa opción racional se involucran.

Ante una mirada económica del delito, como la anteriormente expresada, es interesante observar el nacimiento de dos políticas que pretenden controlar la criminalidad como tal, la primera de ellas es la política "disuasorias", y la segunda las de "prevención social". La ecuación utilizada para verificar el comportamiento de la criminalidad se define según el tiempo que se dedica tanto a las actividades legales, como a las ilegales, las que en cualquier sentido irán definidas conforme el grado de lucro que entregue cada una, la desigualdad de la renta y la posibilidad o imposibilidad de ejercerla según las condiciones de cada actor económico involucrado.

De acuerdo a lo que señaló David Lykken (genetista conductural y profesor de psicología de la Universidad de Minnesota), existiría un modelo conductual del criminal o delincuente, quienes serían temperamentales en exceso y además temerarios. Así, la impulsividad, como elemento integral del perfil del delincuente, sería una de las meterías debatidas hoy en día por el Derecho Penal a nivel internacional, aunque éste busque simplemente normar la conducta por medio de distintos tipos de normas, la teoría del delito lo estima conveniente en todas sus fases.

Es así como no podremos distinguir entre una persona normal o un delincuente, pues si es cierta la postura de Lykken, entonces existiría un estereotipo de delincuente, sobre el cual podrían tomarse medidas previas de dos tipos: las que sean para mantenerlo observado o las que intentan apoyar anticipadamente a estos sujetos, lo que sería francamente imposible y contrario a las garantías y derechos que la mayoría de las constituciones en el mundo garantizan.

Por lo tanto, habrá que colegir respecto de los aspectos a regular, la visión y misión del Derecho en el control y normalización de aquellas conductas consideradas como ilícitas, las que traspasen el umbral de la responsabilidad civil y transgredan los bienes jurídicos protegidos por el Derecho Penal en general.

De esta manera la mayor dureza de las penas, una justicia más justa -valga la redundancia- o quizás un mayor apoyo a nivel educacional y socioeconómico en la sociedad, son una parte de un puzle muy complejo, donde el principal escollo a superar es la falta de voluntad legislativa de los distintos países involucrados, pues no hay iniciativas internacionales ciertas y efectivas para superar el problema.

Mientras que las tasas de encarcelamiento aumentan es Sudamérica, en relación a la cantidad de habitantes por kilómetros cuadrados, en Europa pareciera diseminarse, pues los delitos dejan de ser violentos, en su mayoría, para convertirse en los de tipo económicos, que ciertamente encuentran otros móviles y formas de perpetración.

De cualquier forma, la encrucijada respecto del aumento de los delitos, la audacia de los delincuentes y la aparente carencia de medios para repeler éstos ataques por parte de los antisociales, es una lacra con la que la sociedad toda deberá vivir, pues la solución parte a nivel sociológico, ya que se puede rescatar de la teoría económica del delito, la visión de Lykken y la vieja escuela de la concepción del delito, el hecho de ser la criminalidad o delincuencia como tal, un hecho pensado por un ser racional, por ende se deben apuntar los esfuerzos hacia la tendencia contraria al momento en que nace la mente criminal, y no cuando ya está definida por el hechor.

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