Recién en el mes de agosto estarían construidos los nuevos pozos y podría controlarse la filtración de crudo al mar, antes que eso sólo son medidas paliativas.

Nadie entiende cómo el derrame de petróleo en el Golfo de México ha llegado hasta este extremo, la empresa responsable sólo "trata" de hacer lo que puede.

Los intentos de frenar el flujo de crudo derramado en el Golfo de México han resultado en vano. Se había anunciado con mucho optimismo que luego de efectuar una inyección de fango, haciendo presión sobre el lugar del derrame, se esperaba sellarlo definitivamente con una tapa de cemento, pero no funcionó.

Ahora se está intentando aplicar un plan “B”. A esta altura, ya es una triste realidad el estar ante el desastre ecológico más grande de la historia de Estados Unidos. Y lo que se desprende de estos intentos fallidos de frenar el fluido de crudo, que se desencadenaron luego de la explosión en la plataforma, es que no había ningún tipo de medida de seguridad por si algo fallaba. No había previsión para siniestros de esta naturaleza, que al tratarse de sustancias tan contaminantes como lo es el petróleo en el mar, se supone deben estar precavidos para todo tipo de imprevistos. Es el medio ambiente el que está en juego.

Asimismo, está la negligencia al equivocarse estrepitosamente la empresa British Petroleum (BP), en las cantidades que se derramarían. Calculaban menos de ochocientos mil litros diarios, cuando se está en una cifra que oscila de los dos a cuatro millones de litros diarios ¿Cuál fue el error de los ingenieros?

El presidente Barack Obama catalogó la situación de indignante

Recién en el mes de agosto estarían construidos los nuevos pozos, mientras tanto se está ante los experimentos de seguir tratando de tapar el derrame, aunque la metodología sigue siendo similar a la de inyectar fango, por tanto, denominarlo plan “B” propiamente tal, suena más a publicidad desesperada. Seguir intentando lo mismo para ver qué sucede hasta dentro de al menos dos meses, cuando estén listos los pozos secundarios, es la peor de las soluciones.

Los encargados de BP afirman estar haciendo lo imposible por encontrar la solución, empero, siempre hablando con suposiciones: “Si lográramos detener el flujo entre ahora y agosto, y que no se derrame más crudo, sería positivo”. “Si conseguimos frenar en su totalidad el escape con un pozo secundario, sería una buena noticia”. Quienes manifiestan esto son los ingenieros que están a cargo de las tareas operativas, es decir, ni siquiera los encargados de frenar esta tragedia tienen claro el panorama de lo que puede acontecer, entonces ¿Qué más queda? ¿Encomendarse a alguna deidad?

El presidente Obama fue escueto al catalogar de indignante este hecho. Sin embargo, quien debe controlar y bregar por la seguridad, cuando se adjudican este tipo de licitaciones de perforaciones, es el propio Estado. Inexorablemente es el gobierno quien debe controlar ferozmente que las empresas cumplan con absolutamente todos los estándares de seguridad y estar previstos ante cualquier infortunio, por lo que una vez más nos preguntamos ¿Quién falló en el control?

Al momento de explotar la plataforma petrolera de BP, el veinte de abril, perecieron once obreros.

Este desastre ambiental ya ha superado por lejos el de Alaska, en 1989

Hasta el momento, no se vislumbra ninguna solución segura a corto plazo, sólo se sabe que en agosto estarán prontos los nuevos pozos y recién allí existe seguridad de frenar el drenaje de crudo, todo lo que se haga de aquí a esa fecha será intentos improvisados y con miras a disminuir el derrame actual.

El gobierno está desalentado por la situación que generó la petrolera, no obstante ello, varios legisladores han empezado a reaccionar desalentados con el gobierno, que es el encargado de controlar se hagan las cosas acorde a un plan de gobierno que debe bregar para la protección del medio ambiente.

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