La visión del presidente venezolano, Hugo Chávez, es que en realidad se estaría cayendo la propia economía capitalista y puede proseguir ese camino si son los propios capitalistas quienes deciden no reflexionar al respecto.

Este análisis del gobernante surge luego de que las cifras marcaran que la economía de la República Bolivariana de Venezuela cayera casi un 6%; cabe acotar que es el cuarto trimestre que se produce una caída ininterrumpida.

Las medidas de expropiación de empresas, y los controles sobre otras que están en la mira del gobierno, inexorablemente tienden a marcar una influencia en el retroceso de la economía. Claro, el panorama es muy complejo, hay una puja fervorizada entre el gobierno y las cámaras empresariales. Se ha llegado a extremos que lamentablemente nada aportan a la sociedad. Es una "pulseada" en la que está la gente en el medio.

Fedecámaras junto con los poderosos medios de comunicación impulsaron el golpe de Estado contra Chávez. Mientras él era secuestrado y gran parte del pueblo se movilizaba exigiendo su restitución, la televisión emitía dibujos animados, al otro día orgullosamente anunciaban que Venezuela tenía nuevo presidente. Esa es una cuenta pendiente difícil de cicatrizar, las cámaras empresariales no han hecho un mea culpa, al igual que los medios de comunicación; pero tampoco el gobierno ha dado señales claras de tregua, que tal vez sea quien deba tomar las riendas de fraternidad y tolerancia, aún cuando no sea recíproco por la contra parte.

En este momento, la preocupación de los ciudadanos pasan por el estancamiento económico y la inflación.

Venezuela tiene la gran ventaja que le otorga el petróleo, es una carta de poder del Gobierno, ya que está en manos estatales, percibiendo por ello cifras que oscilan entre los quince mil seiscientos cincuenta y cuatro millones de dólares.

En el último año las pérdidas de fuentes laborales han llegado a una cifra cercana de setenta y tres mil personas. De todas maneras el Gobierno descartó que eso pueda a llegar a ser una señal de desesperación.

Chávez se ha mostrado proclive, según sus propias declaraciones, a buscar un nuevo sistema de comercio, con una visión socialista justa, buscar tierras para la producción y que las industrias estén en manos del pueblo.

Es un discurso plagado de buenas voluntades y sueños utópicos, sin embargo, resuenan más a populismo que a situaciones capaces de llevarse a cabo en este mundo en que vivimos. No está mal soñar, pero con la plena conciencia del mundo en el que estamos parados, y sin dejar de lado los anhelos del futuro, obrar en el presente con las necesidades inmediatas de la gente, que no son urgencias del mañana sino de ayer, no hacen prudente dar lugar a reflexiones filosóficas que nada aportan a quienes enfrentan el desamparo y la crisis.

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