Fin de la dinastía Castro
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La Habana.---Es imposible que alguien que conozca o siga el tema de Cuba, incluso sin ser experto, no se haya preguntado al menos una vez, que pasará en Cuba, luego que por ley natural de la vida, el gobernante con mayor tiempo en el poder en un país, deje de compartir el aire que respiramos.

Decir que la revolución del 59 no fue beneficiosa para Cuba, sería tonto, ese año marcó el fin de una de las dictaduras más sangrientas del país, en las que todo el pueblo de todas las clases sociales (excepto la militar) lucharon para derrocarla, e indudablemente cuando se toma el poder por las armas habrá victimas de ambas partes, pero sólo a los vencedores les toca escribir la historia y vengar a los suyos.

Sin embargo, el anclaje en el poder, y la huída en masa de todos los opositores del gobierno y de la alta burguesía, dejó al régimen con las manos libres para hacer y deshacer en la isla a su antojo, luego aprovecharon las necesidades reales y palpables que existían en esa época en el pueblo y le fueron dando regalías (reforma agraria y urbana, principalmente) que indudablemente comprometió hasta los tuétanos a los que se quedaron.

La guerra fría y las agresiones directas (incluso con hechos de sangre) a la población de la isla, fueron elementos objetivos que alejaron a los cubanos de ambos lados, pero que unieron a los de dentro y emergieron los líderes de la revolución como los únicos salvadores del pueblo, y los Castro se llevaban todos los vítores.

El derrumbe del campo socialista, los errores acumulados por 50 años, la inactividad, el alto nivel de descontento entre la población, las condiciones políticas y económicas actuales y la renuencia de algunos opositores directos o indirectos de abandonar el país, han ido mellando, desde la última década del siglo pasado, la credibilidad del gobierno y lo impensable hace 20 años es la comidilla en todos lados: “es acertado el rumbo por el que llevan el país”; pero aparecen los viejos fantasmas, “perderemos nuestras propiedades si regresan los propietarios desde Miami?”.

El miedo a perder todas sus posesiones, la seguridad, la educación y salud gratuita, es lo que nadie en Cuba está dispuesto a perder, lo gratis le gusta a todos, en cualquier parte del mundo sea rico o pobre...

Mientras el discurso político desde dentro sea, que se defiende esto y los de afuera digan que desean recuperar sus posesiones, es un panorama de tira y encoje que indudablemente sigue dividiendo al pueblo cubano y que es necesario resolver y divulgar lo antes posible para catalizar los cambios en la isla.

Si los cambios en la isla se aproximan -pero no creo que sean en menos de diez años- la muerte de los Castro, aunque inminente, no creo que haga cambiar el panorama muy rápido, es que aunque no quedara un líder con la fuerza histórica que tienen ellos, quedan algunos “dioses de la revolución” con una edad aproximada a la de ellos (82 Fidel, 77 Raúl, Machado Ventura 78, Ramiro 77, Guillermo García 81; Julio Casas Regueiro, ministro de las Fuerzas Armadas, 73, y el ministro del Interior, Abelardo Colomé Ibarra 70), que podrán aplazar hasta donde la vida les permita el fin del comunismo en la isla, aunque ya no contarán con el apoyo del pueblo, y es que los Castro capitalizaban en sus personas todos los logros, y nunca se le permitió a nadie que les hiciera “sombra” .

Y como dice un famoso humorista en la isla: “El que me haga sombra, se va”, así funcionó su “política de cuadro”, que no le ha resultado en estos 50 años, sino es así, como es posible que no haya nadie con una edad y las convicciones necesarias como para confiar en él y entregarle el poder, los casos más significativos son los de Robaina, Lage y Pérez Roque, entonces en un momento de la historia cercana, se tendrá que confiar en alguien joven (recordemos a Gorbachov en la URSS) y esa persona tendrá el compromiso de cambiar la isla o reprimir al pueblo, y no creo que nadie quiera ser recordado como otro opresor más.

La política actual de la Casa Blanca, afecta y afectará la credibilidad del gobierno cubano, tanto dentro como fuera, y es que el “enemigo” ya no es tal, y el mensaje de paz y entendimiento, es totalmente contario, al que se le ha inculcado a la población cubana de miedo a una inminente invasión, entonces cada declaración y/o movimiento en este sentido es como otra pala de tierra sobre el cadáver insepulto aún del totalitarismo en la isla.

Esta nueva proyección de Washington, tiene en disyuntiva al gobierno de la isla, y mientras se mantenga, será determinante en un cambio en la isla, asociado además a la muy poca aceptación a las medidas actuales, la presión que ejerce Fidel Castro en cada una de las reflexiones que inhiben cambios estructurales dentro del sistema, y la pérdida de credibilidad por el mal manejo por 50 años de la economía del país. A esto se le unirá lo que parece ser ya un hecho, la retirada de Chávez del poder y por tanto del debilitamiento del ALBA como única alternativa real que existe en Cuba para acceder a productos necesarios para el desarrollo del país.

Aunque se quiso demostrar lo contrario, existió una desorientación total en el país en el 2006 cuando Fidel se retiraba de los cargos públicos, y lo primero que se le ocurrió al sucesor fue la movilización casi masiva de las tropas, demostrando que el apoyo del ejército es determinante para mantener el sistema en la isla, situación esta que se mantuvo hasta que fue “ratificado” en la Asamblea Nacional.

Las purgaciones han estado a la orden del día desde que llegó al poder, eliminando no sólo a figuras públicas del gobierno, sino también a embajadores, ministros, diputados, etc., casi todos acusados de corrupción, y ubicando en estos puestos a militares retirados o en activo, quizás buscando reforzar su poder y/o estimularlos por méritos obtenidos cuando eran subordinados en el ministerio de las Fuerzas Armadas, el cual dirigió por más de 40 años.

Lo real de esta limpieza, es que no cuenta nadie después de Fidel con un apoyo real en los “altos niveles”, y que cada sucesor después de los Castro tendrá que enfrentarse directa y abiertamente a un sector de sociedad cubana que se ha acostumbrado a estar desde edades tempranas en el poder, y estar allá “arriba”, traen beneficios, y de los que se les priva al “bajar” de escaño, y a medida que estos cambios se hagan habituales, aumentarán los “desplazados” y no se sorprendan si dentro de poco aparecen en el canal 41 de Miami.

La pérdida de unidad en las altas cúpulas del estado, en la que se suponen que estén los cuadros más comprometidos del sistema y que han pasado por todos los filtros habidos y por haber, es un reflejo de lo mal de salud que se encuentra el sistema, que parece haber entrado en shock junto con Fidel Castro, pero no es así, es una enfermedad que fue asintomática por más de 50 años, pero que en algún momento debía dejar de ser autoinmune.

El desconcierto que generará la partida de los “dioses de la revolución”, creará un caos en la isla del que que se beneficiarán aquellos que hayan resistido más en el poder, mientras tanto el pueblo…, bueno, ya veremos que hace. Eso sí sentarse a esperar no es recomendable, ojalá me equivoque y que los cambios ocurran en este año que recién comienza, pero la experiencia ha demostrado que Cuba es atípica en todos los sentidos, es que la monotonía en las que hemos vivido tantos años, nos impide hacer las cosas a la velocidad que exige el siglo XXI, sin embargo ya se acerca lo ineludible, pero no preparen aún las maletas.

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