Jefes
Jefes

Una lista de consejos realizada por la escritora BJ Gallagher llamada “Cómo diferenciar a una jefa de un jefe”, destaca ciertos puntos donde se puede notar la diferencia en la forma en que se ejerce una jefatura cuando se trata de un hombre o una mujer.

  • Mientras un jefe es agresivo, una jefa es prepotente
  • Cuando un jefe es detallista, una jefa es quisquillosa
  • Los jefes saben cómo salir adelante, las jefas no saben cuándo detenerse
  • Los jefes son ambiciosos, las jefas son impulsivas
  • Los jefes se salen de sus casillas, las jefas no controlan sus emociones
  • Los jefes no temen expresar sus pensamientos, las jefas simplemente contestan
  • Los jefes controlan sus emociones, las jefas son frías
  • Los jefes piensan antes de hacer algo, las jefas no pueden tomar decisiones
  • Los jefes tienen cuidado al decir las cosas, las jefas no tienen tacto

Toda la lista de visiones contrapuestas en el ejercicio de una jefatura según si es un hombre o mujer quien la ejerce, es un simple problema de perspectiva, según Gallagher. Así, aunque muchos se rían de lo que aparece reflejado en esta divertida lista comparativa de hombres y mujeres con poder, hay un factor que lo vuelve comprensible, y es que las mujeres en Estados Unidos ganan cerca de un 21% menos que los hombres haciendo exactamente lo mismo.

Cuando un jefe y una jefa actúan por una misma causa, la reacción de uno y otro es considerada distinta sólo por una cuestión de género, y eso pasa en todos los niveles.

Según la perspectiva de Vicky Oliver, escritora, el trabajo que realizan hombres y mujeres sólo se diferencia en la mayoría de las veces por un tema de percepción de terceras personas, y una muestra de ello es que los jefes pueden ser agresivos y aún mantener apoyo de los empleados, pero en los rangos medios no ocurre lo mismo.

El comportamiento reprochable de un jefe (hombre o mujer) siempre es cuestionable desde la perspectiva de las formas, sin embargo, cuando se trata de formas que observa un hombre como gritar, manifestar su enojo al ordenar desalojar el despacho u otras conductas, los empleados tienden a ser más complacientes con él y de obedecer sin hacer comentarios, pero sí eso lo hace una mujer, el rumor comienza y llega siempre a oído de los superiores.

Llorar, lo peor que se puede hacer en el trabajo

Llorar es una de las conductas que se reconocen como sinónimo de debilidad en el rubro laboral, por ello las mujeres habitualmente cuando se emocionan e irremediablemente caen en este recurso son vistas como delicadas y poco aptas para afrontar las difíciles situaciones que implica ser jefe, sin embargo, se entiende cuando hay un despido de por medio que se llegue a llorar, por ejemplo.

Enojarse y gritar surge de una emoción, llorar también surge de una emoción, pero extrañamente estas conductas generan consecuencias absolutamente distintas en los empleados. Hay quienes no saben reaccionar cuando hay emociones de por medio, quizá por eso las censuran tanto, pero cuando la otra parte no tiene problema con lidiar con ellas, se puede perfectamente conversar sin tergiversar el trasfondo de un determinado tema.

En la mayoría de los trabajos en la actualidad se es más condescendiente con los hombres que con las mujeres, se les entrega un mayor nivel de “permisividad” respecto de lo que pueden o deben hacer que lo que se le concede o permite a una mujer, así mientras que en los hombres lo “emocional” quiere decir imposibilidad de controlar el temperamento, en las mujeres se toma como que es “locura”.

De acuerdo a la opinión de la trabajadora social Irina Firstein con 20 años de experiencia laboral, se le permite más a un hombre conductas de tipo “emocional” que a una mujer, inclusive cuando las trabajadoras (subalternas) son del mismo sexo.

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