Más de 200.000 personas se hicieron presentes el martes en el centro de El Cairo, conformando la mayor manifestación ocurrida en 30 años, en contra del presidente Hosni Mubarak.

El levantamiento del pueblo egipcio, cansado de las vicisitudes, la corrupción y los problemas económicos que atraviesa su país, tuvo lugar hace ocho días y fue evolucionando notablemente con el correr del tiempo.

Los habitantes de Egipto rechazaron las promesas de reforma del régimen autoritario de Mubarak y le exigen que se vaya. Los manifestantes se comprometieron a reunir a un millón de personas para movilizar la marcha anti-Mubarak a lo largo de todo el país. La armada también se comprometió a no reprimir a los manifestantes aduciendo que tienen el legítimo derecho de realizar una protesta pacífica.

El manifestante Walid Abdel-Muttalib declaró a la prensa: "Hemos hecho la parte difícil. Hemos tomado la calle. Ahora le toca a los intelectuales y a los políticos unirse para proporcionar alternativas".

Por su parte, Mohamed ElBaradei, figura de la oposición, dijo que Mubarak debe abandonar el país antes de que la oposición reformista inicie conversaciones con el gobierno acerca del futuro de Egipto.

Según declaró Steven Cook, del Consejo de Relaciones Exteriores: "La sucesión ya está en marcha. Lo importante ahora es la gestión de la salida de Mubarak, que debe ser lo más elegante posible en este momento. Por su bien, no tendrá ninguna otra manera".

La desintegración de la estructura de poder de Mubarak podría plantear el inicio de una nueva era en la historia de Egipto y en su relación con el resto de los países del mundo.

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