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Discriminación, un concepto mal entendido

Ver las diferencias entre los seres humanos no es discriminar; discriminar es no aceptar esas diferencias

Este breve análisis se propone una justificada aclaración de lo que el término “discriminación” puede significar. Es decir de las acepciones de la palabra, y del uso más generalizado que popularmente se le confiere.

Vale recordar, sin embargo, que es precisamente esa elástica semántica del lenguaje, una imprecisión “maravillosa” que salva al verbo de la caducidad, renovándolo momento a momento.

Pierde entonces rigor aquí, una llamada de atención respecto a un correcto uso del lenguaje. Dado que, parece más inteligente observar estos fenómenos (de restricción a una de las acepciones del término, sustantivación de adverbios o deformación de los morfemas léxicos originales), para concebirlos como “contorsiones” del propio sistema de comunicación. Entendiéndolo como un sistema permeable, que introduce elementos sociales que lo transforman.

Cuando se citan también como sinónimos de la acción verbal “discriminar” (modo infinitivo) otros verbos como:

  • Diferenciar
  • Distinguir
  • Seleccionar
  • Discernir

Se está prefiriendo usar el término para decir:

  • Separar
  • Excluir
  • Segregar
  • Aislar
  • Dividir
  • Distanciar
  • Diferenciar
  • Relegar
  • Postergar
  • Rebajar

Mirada psicosocial

Desde el punto de vista social, esto genera confusiones, ya que la ambigüedad del término y a su vez la cercanía entre los significados, conduce a una falacia que termina por llevar a la existencia de poblaciones resentidas y no saber distinguir entre la evaluación y la falsa evaluación.

Si se verifica un porcentaje importante de delincuentes latinos, operando en los EE.UU. esto no puede conducir a juicios del tipo “todos los latinos son delincuentes”. A este tipo de enunciados se los conoce “periodísticamente” y socialmente, como comentarios discriminatorios. En lógica, es una conclusión falsa. El razonamiento no es válido y vale la pena anotar estas conductas como “termómetros” que miden el grado de lógica que manejan las poblaciones, en tanto un problema toca sus intereses individuales.

Una sociedad que equivocadamente piense que “discriminar” es ver las diferencias entre los seres humanos, se va a “golpear” también con la careta de la hipocresía: La noción de igualdad frente a la realidad competitiva del mundo de hoy.

Desde que se integra una familia, se ingresa al grupo de amigos o agentes socializadores educativos; desde el momento en el que un sujeto se afilia a un club deportivo o en el ambiente laboral, no dejará de percibir jamás la continua evaluación y contraste de unos seres con otros. Se trata de la pugna por la identidad, despegada de un caldo colectivo indiferenciado.

Mirada lógica filosófica

Es, ciertamente, en el orden de la lógica de proposiciones donde se entiende la falacia de proponer conclusiones universales a partir de premisas particulares. Cuestión clave en lo que se refiere a “juzgar” a todo un género, a través de conclusiones o juicios individuales.

La capacidad de seleccionar objetos, sujetos y actitudes, es la que extiende la diversidad del mundo. Podría decirse entonces que, en la captura de la realidad, interviene además de la presencia de “lo otro”, la sensibilidad humana de percibirlo.

A partir de este contacto entre el sujeto observador y lo observado, se desencadena un proceso de transformación de lo que efectivamente “hay ahí”. Para el sujeto que, en la medida que más interés tenga por el conocimiento del mismo, mayores serán las particularidades descubiertas en el objeto de observación.

Estos cambios en el objeto de estudio, no se deben exclusivamente a la dinámica interna del objeto. Sino que están ligados al afinamiento observacional de un fenómeno que además nunca es el mismo. En este sentido, la transformación que sigue al conocimiento del fenómeno, compromete nuestra relación con él. Y cuando el fenómeno es otro sujeto, se convierte en una interacción social: La convivencia.

Conclusión

¿Cómo se estructura entonces el aparato discriminatorio en cada uno de nosotros? Sin duda que este aparato será un producto sociocultural. Es decir, condicionado por los elementos de referencia del individuo que evalúa su contexto. Y lo que Marx llamó, la infraestructura social en una sociedad signada por sus relaciones de producción.

En este sentido la discriminación no es una evaluación, sino un comportamiento sobre un colectivo, un juicio a priori respecto a ese colectivo abstracto, que daña concretamente a miembros de este conjunto, por una incapacidad lógica generalizada.

Sacar conclusiones generales a partir de nociones particulares, es un ejercicio ilógico cotidiano en nuestro mundo. Se sabe, empero, que la lógica clásica no es la única fuente de referencia para argumentar o formarse un criterio de alguna cosa. Existen también inferencias inductivas, probabilísticas, legaliformes o relativas a las costumbres y usos.

La ciencia moderna ha debido implementar otras formas de lógica difusa, para abordar problemas como la dualidad onda–partícula o la medición aproximada de una onda de probabilidad.

Aun así, las acciones y afirmaciones que pueblan el acontecer humano, son absurdas, inválidas, falsas e ilógicas en un porcentaje mayor al 99% del total. Los puntos de apoyo del razonamiento popular son endebles, porque responden a apreciaciones subjetivas, intereses personales, interpretación equivocada de los hechos o bien, resultan de un esfuerzo infructífero de darse a entender sin poseer la herramienta necesaria.

Los valores de una sociedad y la cultura individual, son factores determinantes en el desarrollo de una lógica clara que permita la diferenciación de las personas. Sin fomentar con ello, la sensación de estar ajeno a “lo otro”. Donde quepa el interés por las conexiones con los demás, que debilitan los contornos de lo “mío” y convierten las barreras sociales en un problema de todos.

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