Un policía fronterizo perteneciente a las fuerzas estadounidenses mató el 9 de junio a un adolescente mexicano en la frontera México – Estados Unidos.

Todo sucedió en el puente binacional que une la Ciudad de Juárez y El Paso Texas. La víctima de este penoso “asesinato” era el joven Sergio Adrián Hernández Huereca, de 14 años de edad, quien recibió un certero disparo en la cabeza. La policía migratoria del país del norte aduce el hecho a una confusión con inmigrantes ilegales que además están agrediendo con piedras. En este incidente se encontraban 2 menores más.

La reacción del gobierno mexicano fue inmediata, el presidente Felipe Calderón, se ha pronunciado rápidamente sobre el hecho, calificándolo rotundamente como “reprochable”, y aprovechando la oportunidad para expresar sus más sentidas condolencias a los familiares de la víctima.

La violencia, otra vez injustificada, de la policía fronteriza estadounidense cobra una víctima más, donde aún todos recuerdan las imágenes del video en el que 20 agentes fronterizos golpeaban y propinaban descargas eléctricas al ciudadano mexicano Anastasio Hernández Rojas, quien pedía clemencia hasta su último aliento de vida en la frontera de Tijuana-California (hechos sucedidos el 28 de mayo pasado).

Los tristes hechos acontecidos el día de ayer hacen pensar que el Gobierno estadounidense no piensa cambiar ni su política ni sus procedimientos en la frontera, por más que el Gobierno mexicano grite su indignación, y el repudio sea mundial, ellos seguirán haciendo caso omiso al reproche.

Todos los que nos impactamos con asesinatos provocados por la policía fronteriza, que recuerda a la policía de los campos de concentración nazi, observamos la completa impunidad con la que actúan y la complicidad de las autoridades de Gobierno. Nadie sabe hasta cuándo se tendrá que tolerar este abuso desmedido que lleva a la muerte sangrienta a decenas de personas.

La respuesta quizás sea incierta, puede que los débiles reclamos del Gobierno de México nunca lleguen a escucharse, es obvio que el rechazo a la “fuerza desproporcionada” que muestran las autoridades mexicanas no son suficientes para parar esta ola de violencia que ha cobrado varias víctimas.

Puntaje: