Chile terremoto
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Soy residente en Chile, en un lugar paradisiaco, destino turístico de quienes aman las montañas, los deportes de aventura y la naturaleza, denominado el Cajón del Maipo, desde hace cinco años.

La madrugada del sábado un terremoto de 8.8 grados azotó todo el país y, evidentemente azotó también a mi hogar, mi familia, mis hijos y a mi.

Personalmente, vivir una situación así ha supuesto un cambio estructural, no sólo a nivel de biorritmos, sino también como pensamiento intrínseco del ser humano, de su paso por la tierra y de la efectividad de los avances logrados.

El sufrimiento de un país

Mas allá de la destrucción y la debacle, calificada de catástrofe por las autoridades del país, es obligado concentrarse en las personas desaparecidas, los que se han quedado sin casa, la situación que viven las familias que no tienen como acceder a alimentos para sus hijos o tan siquiera, un lugar donde cobijarse. En este lado del mundo, comienza a hacer frío, el otoño avanza a una velocidad vertiginosa, adelantado posiblemente por el movimiento brusco y convulso de la tierra.

Adicionalmente, el terremoto, la debacle vivida en primera persona, la desolación no como parte de las estadísticas o las imágenes que muestran los medios de comunicación, sino vivida de cerca, invita a la reflexión sobre si las causas son provocadas por la propia inercia de las placas tectónicas y la esencia sísmica del continente o si por el contrario, podemos pensar que la “pachamama” como denominaban a la tierra los indígenas que habitaban Chile antes de la conquista, se ha enfadado ante la pasividad del ser humano que, incapaz de evolucionar en base a los valores humanos intrínsecos a la raza, provoca una destrucción pasiva, activa y constante, por donde va.

En Chile, las miradas convergen a la represión, a la contención, el desastre provoca pérdidas que superarán el 15% del Producto Interior Bruto y condiciona la evolución económica del país por los próximos 3 años, sin embargo, el foco de atención está puesto en el aterrador cómputo que hoy, cuatro días después, arroja 800 personas muertas, cientos de personas atrapadas en edificios y un número indeterminado de desaparecidos, pero además, arroja cifras espeluznantes de sabotajes, robos, violencia y caos en las calles.

Un caos para el que el gobierno democrático del país no ha encontrado mas salida que establecer un toque de queda y lanzar al ejército a las calles para contener la avalancha de personas en busca de alimentos, y por supuesto, la avalancha de la miseria humana que ven en esta catástrofe una forma de especular y obtener un beneficio.

Las medidas antisísmicas se olvidaron en pos del enriquecimiento

Los edificios que se derrumban ponen de manifiesto cómo el libre mercado permite que se construyeran al margen de las medidas antisísmicas que rigen el país. Uno de los países con mayor tradición sísmica del mundo.

Los hospitales están en el suelo y ponen de manifiesto las concesiones estatales a empresas privadas basadas en la corrupción y el abuso de poder.

Chile, paradigma del neoliberalismo, simplemente colapsó

La Pachamama se enfada

Razones no le faltan ni a esta tierra ni a ninguna para acumular la ira, sin embargo, los efectos más profundos, los más devastadores, los vive la gente, las familias. 120 réplicas desde el sábado que destruyen lo poco que ha quedado en pié y dificultan el reestablecimiento del orden y el equilibrio.

No podemos olvidar la cosecha, fuente principal de subsistencia para un elevado porcentaje de la población que reside en esta tierra fértil y con exceso de agua, toda la cosecha se ha perdido.

Mientras esto sucede, los grandes empresarios se quejan de los sabotajes y únicamente los bomberos –que realizan su labor de forma voluntaria y sin percibir un sueldo por ello- se hacen cargo de la tragedia de las familias y trabajan incesantemente por solidaridad en recuperar lo poco que queda bajo los escombros.

Un terremoto esperado desde hace más de un quinquenio

El terremoto ha desolado un 70% del territorio chileno, las réplicas se suceden y provocan daños adicionales, los edificios se derrumban en Santiago de Chile, eje central de Business y el desarrollo de este país.

La telefonía fija y móvil no funciona y la red de Internet sufre daños profundos de conectividad, son pocas las emisoras que funcionan y los cortes de luz se suceden desde el centro hasta el sur, mientras algunos titulares rezan sin pudor “el suministro ha quedado completamente reestablecido”

Las zonas céntricas de la Región Metropolitana, continúan sin abastecimiento de agua y gas y el inicio del curso escolar ha dejado a los niños en sus casas hasta el próximo 8 de marzo.

Talca, Concepción y Región del Bío Bío

Sin embargo, somos afortunados los que hablamos desde el centro del país, en Talca las autoridades no han repartido agua ni alimentos, existen pueblos de los que aún no se sabe nada como Cobquecura, en Concepción se han registrado 12 incendios y a pesar de que la Armada desmintió el riesgo latente de tsunami en la quinta, sexta, séptima y octava región, desde el Ministerio de Defensa se permanece muy alerta a los movimientos del mar… el mar se sigue recogiendo.

El Aeropuerto de Santiago, ahora abierto parcialmente, puso de manifiesto una vez más cómo el abaratamiento de los costes en las construcciones, termina pasando factura ente las catástrofes.

En Concepción se resistan un centenar de personas que atrapadas en un edificio de 14 plantas cuya antigüedad no supera los 24 meses.

Cifras económicas

Si bien es cierto que el desastre es tan extenso que podríamos hacer un relato interminable, esta pequeña muestra sirve para aventurar lo que será la tierra de Chile en términos económicos los próximos 3 años.

Las pérdidas ascenderán a una cifra entre 15.000 y 40.000 millones de dólares, según ha cuantificado EQECAT, empresa estadounidense especializada en avaluar situaciones de riesgo, estos datos supone un 15% del Producto Interior Bruto. Se estiman pérdidas inconmensurables en términos de turismo y producción interna. Los mercados acumulan dos sesiones a la baja y, si bien están situadas más al norte, algunas minas productoras de cobre han tenido que paralizar su producción, lo que sin duda, es una situación complicada si tenemos en cuenta que Chile cubre 1/3 de la producción mundial de cobre.

Ética y acción

Para concluir y sin pretender incurrir en el catastrofismo, conviene no olvidar que las restricciones de agua potable, gas, combustibles, medicinas y artículos de primera necesidad, han disparado los precios para la desesperación de las familias.

Y, mientras esto sucede, el ejército controla a golpes a la sociedad damnificada y perjudicada en lugar de ponerlos a disposición de la tragedia.

Ética, acción y solidaridad, compleja combinación cuando se trata de catástrofe. El desastre se irá diluyendo y comenzará a perder intensidad, sin embargo, este es un buen momento para reflexionar sobre qué estamos haciendo, cómo estamos creando las sociedades, en base a qué valores y a qué criterios y, sobre todo, es un buen momento para analizar los cambios que requiere el nuevo ciclo que comenzamos.