Redes sociales

Sin ninguna duda el mundo ha cambiado, los que vivimos la instauración de las democracias en nuestros países de origen siendo niños, observando desde la barrera cómo, hombres y mujeres se unían y luchaban en pos de lo que ellos consideraban “la libertad”, observamos cuanto de “comunidad” se puso en los procesos de transición y, como posteriormente, la experiencia histórica, social, política y económica ha puesto de manifiesto las carencias que dichos procesos presentaron en las expectativas de los individuos de lucharon por ellas, con total rotundidad podemos afirmar que; si bien la lucha en comunión mostró qué somos capaces de hacer los seres humanos juntos, también se ha puesto de manifiesto que el fin perseguido en esa lucha, no era honesto ni tan siquiera, comprometido.

Las transiciones se llevaron a cabo bajo el lema de la “libertad” como estandarte. Una libertad que no se centraba únicamente en los derechos humanos como aspecto fuerte e innegociable de la condición humana, sino que, la “libertad” perseguida, se transformó en sociedades basadas en la especulación, el enriquecimiento, la educación carente de valores y responsabilidad y, la imposición de las creencias sin concesiones ni opciones, generación tras generación.

Que los procesos de transición, las democracias, las “cartas Magnas” y la ruptura de la castración dictatorial, tuvieron muchos aspectos positivos -más en términos de apertura hacia lo que realmente ostenta la base del crecimiento de las sociedades; la economía, que hacia una mayor calidad de vida de los ciudadanos que las soportaron- es completamente cierto.

Pero que la condición humana como máquina de cualidades, actitudes y opciones interminables, no fue capaz de establecer límites mínimos de convivencia que derivaron en la implantación de órdenes sociales basados en la falta de valores, desde la educación infantil hasta los poderes políticos, pasando por las discusiones interminables en las que lo que importa es el dinero y la cuota de poder, en relación con el cambio climático, los sitemas financieros y la crisis global, también es una realidad

Hoy, tras haber vivido la transición y el establecimiento de las democracias en multitud de países, tras haber logrado ciclos de máximo apogeo en torno a un sistema capitalista, sibarita y high level que -no nos engañemos, todos disfrutamos en su momento- los dos años de crisis económica, el premio Nobel de la Paz de Obama, Obama como símbolo, la elección de una presidenta mujer en la República de Chile, una de las economías con una reciente memoria histórica de la dictadura que aún marca las pautas del devenir de la economía, nos sitúan en un orden social un tanto complejo.

Dicotomía realidad-tecnología

Complejo, porque pareciera que se viven en el mundo dos realidades, tres realidades, que conviven en lo que, sin duda es una nueva transición.

La transición virtual, la democracia 2.0

Tenemos por un lado la realidad de “nuestro espacio y nuestra tierra” donde se vive el ciclo económico, el cambio climático, los efectos colaterales de la crisis económica, el fracaso total del modelo educativo, los órganos de poder y el nuevo modelo productivo… desde la perspectiva de país.

Tenemos ese mismo escenario pero analizado desde la perspectiva de planeta

Y, tenemos las nuevas tecnologías, la eliminación de las fronteras, el emprendimiento, el incipiente pero vertiginoso establecimiento de un orden social democrático virtual en el que las redes sociales y los portales didácticos, cuentan con personas que se relacionan entre sí sin conocerse físicamente y, en un entorno completamente intangible en el que la democracia, fuerte y poderosa basada en la información como clave de la evolución y la confianza como clave del éxito y la globalización, nos sitúan en dos universos paralelos que no parecen ser fácilmente divisibles.

Redes sociales, expansión del nuevo modelo

En este último camino, en esta realidad tecnológica en la que estamos inmersos, las redes sociales y sus tentáculos se extienden sin que importe el lugar físico, el idioma y, ni tan siquiera los propios procesos de establecimiento de democracias que, las personas que están detrás de los teclados hayan podido vivir, sean relevantes.

Internet y las redes sociales son una sociedad de funcionamiento democrático, perfeccionado, en la que es inviable cometer los errores del paso porque, simplemente la red es defensora acérrima del esfuerzo, la productividad eficiente, el compromiso y la confianza.

Una democracia virtual para un mundo… ¿virtual?, posiblemente sí, así sea. Históricamente las crisis económicas han actuado, junto con las pandemias y los desastres naturales, como grandes reguladores demográficos, en un escenario, político-económico y social como el que se vive actualmente, la red es en sí misma, sinónimo de democracia, libertad y evolución.

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