El poder de los poderosos: la impunidad

Es necesaria para ellos, para seguir arriba..., pero la impunidad es lo que llena de injusticia los corazones de los pueblos subyugados, es la que no permite olvidar y no deja que las víctimas se cansen de luchar...

Poderes

Impunidad, compañera indiscutible de los más débiles a lo largo, ancho, alto y grueso de la historia. El no-castigo ante los abusos de poder es, desde las primeras civilizaciones, un común denominador y muy darwinista, por cierto; con eso de la selección natural y el dominio del más fuerte sobre el más débil. Ni que hablar si nos acercamos al mundo teológico…, "ahí te puso Dios, pues te aguantas, si Dios te entregó a los leones, que así sea". La impunidad y su mecanismo (abuso de poder) es siempre el mismo. Tenemos un acto punible legalmente y por una o por otra quien tiene que ser castigado sale libre. Muchas veces no solo sale libre sino que es tratado como un salvador de la patria, como fue el caso de los estados torturadores y asesinos de America Latina en los años sesenta, setenta y parte de los ochenta. Décadas terribles llenas y desbordantes de impunidad, que con el tiempo y la caída de las correspondientes dictaduras y el advenimiento de gobiernos democráticos se hizo algo de justicia…..” En la medida de lo posible” (sic) (Patricio Aylwin, presidente de Chile 1990).

En Europa, las últimas guerras y sus estados fascistas hicieron su aporte; ni hablemos de los Nazis y de la Unión Soviética con su adelantado Stalin...,Imagen como se ve, tenemos un larguísimo etcétera. Los distintos imperios; la inquisición y sus disquisiciones esquizofrénicas, la esclavitud, las monarquías absolutas con su “El Estado soy yo” o bien…, “reyes por la gracia de Dios”…, las matanzas de los pueblos originarios por parte de los europeos (los mismos que ahora no quieren a sus descendientes como inmigrantes, pero eso es tema para otro articulo)…etc. Este abuso de poder, este acto impune, la más de las veces se realiza en nombre del Estado, del bien común, por razón de Estado, por seguridad nacional, por la revolución o, en nombre de Dios.

Los poderes cambian

Tanta expresión arbitraria del poder, sus extralimitaciones y sus propios excesos llevaron a los ciudadanos de diferentes épocas a buscar freno a tanta injusticia institucionalizada. Llegaron las revoluciones y con ellas, la separación de los poderes. Montesquieu, Rousseau y tantos otros que actuaron en el siglo de las luces nos legaron con tinta indeleble los conceptos de Estado de Derecho, Soberanía Popular, contrato social y lo más poético…Los derechos fundamentales del Hombre… Finalmente las arbitrariedades de los poderes absolutos caían ante la libertad, igualdad y fraternidad. Un gran poder fragmentado en tres controlados entre sí y vigilados por el gran Estado de derecho. Con el cuarto poder (La prensa escrita) -tutelando el proceso constantemente- arribamos a la independencia del continente americano liberando a las colonias y a sus esclavos.

Los horrores del siglo XX

Con los nuevos Estados republicanos comenzamos el Siglo XX llenos de esperanza de la mano de la industrialización, los inventos y las maravillas del ingenio humano, pero como el ingenio da para mucho y los inventos que eran para bien terminan sirviendo al horror; el hombre, fiel en seguir siendo el peor enemigo de sí mismo y como buena expresión de la maldad que se encuentra en el alma enferma de unos cuantos, terminó logrando arrastrar a toda una nación y al mundo entero en un tobogán de muerte y destrucción con sus guerras mundiales, bombas y exterminios raciales. La esperanza sale despavorida, la barbarie se agranda a su máxima expresión; siendo la impunidad la invitada de piedra… nuevamente.

ImagenCaídos los Estados socialistas y sus muros, finalizada la guerra fría, Sudáfrica liberada del apartheid, Europa transformada en comunidad, derrotadas las dictaduras latinoamericanas a excepción de Cuba -que a estas alturas es un lunar que a veces pica pero no molesta más allá de su propia impunidad-, China haciéndose presente en el mercado internacional y moviendo la economía mundial al punto en que, a nadie le importa que sea comunista; este es un panorama donde supuestamente la impunidad va a estar arrinconada en algún país africano o musulmán que no quiere aprender las buenas prácticas de las democracias occidentales y sus Estados de derecho.

Pero nos equivocamos rotunda y profundamente. El ansia de subyugar a los demás hace que muchos poderosos descubran nuevas formas de aplastar al más débil impunemente.

El poder impune del siglo XXI

No existe acto más impune que el que se ejerce soterradamente. Actos abusivos que se disfrazan de legales o bien actúan dentro de la legalidad vigente, expertos en la elusión, eluden perfectamente la ley, pagan unos sueldos millonarios a sus abogados y asesores para que les informen como hay que hacerlo en cada país. Nos seducen con sus campañas publicitarias y nos mantienen en la neo-esclavitud cobrando intereses abusivos, hipotecas imposibles, aceptando y acatando calladamente sus abusos.

Son las grandes transnacionales, los conglomerados económicos que nos mantienen en un continuo debe para que sólo pensemos en trabajar para pagar sus cuentas. No podemos protestar, es imposible o perdemos el trabajo y ahí se nos va la vida. Se destruyen familias, suben las tasas de suicidio en las grandes compañías, la depresión se apodera de ciudades completas. Ni hablar de las adicciones (legales e ilegales), es un circulo vicioso que nos está envenenando poco a poco. Nadie defiende al ciudadano común ante estos gigantes. No tenemos ni siquiera un Quijote. El estado se ve con las manos atadas por su propio Estado de derecho, mientras la maquinaria engulle a todo ser humano sin importar raza, religión, nacionalidad u origen….

Nada, no le importa nada, ni siquiera cuanto gana; sólo esta preocupado en cuanto endeuda a los pueblos, porque sabe que así nos tiene bajo su control

La "Matrix" hace mucho tiempo que tomó impunemente el poder y claro, acompañada de su esencia, la impunidad, fiel compañera de nuestra historia.

-Jean Paul Sainté-Marie