Los intentos de Estados Unidos por comprar Groenlandia

Hace un tiempo atrás, el diario The Wall Street Journal, hizo público el interés del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de comprar la isla de Groenlandia, una zona cubierta de hielo ubicada entre el Atlántico Norte y el Ártico, la cual es considerada la isla más grande del mundo.

Otros medios de comunicación del país, que también hicieron eco de la noticia, difirieron acerca de si el mandatario estaba bromeando o hablando en serio al hacer pública tal pretensión.

Por su parte, las autoridades de Groenlandia ya se manifestaron acerca de la propuesta.

"Estamos abiertos a hacer negocios, pero no estamos a la venta".

Pero, pese a las risas e ironías que esta noticia pudo provocar, lo cierto es que no es la primera vez que un mandatario estadounidense lanza esta propuesta.

Región estratégica

La idea de comprar Groenlandia se analizó por primera vez en Estados Unidos, durante la década del 60 del siglo XIX, cuando gobernaba Andrew Johnson.

En 1867, un informe realizado por el Departamento de Estado de Estados Unidos sugería que la ubicación estratégica de Groenlandia, junto a sus abundantes fuentes de recursos, hacían del territorio una adquisición ideal.

El mencionado documento citaba por aquel entonces:

"Deberíamos comprar Islandia y Groenlandia, especialmente la segunda. Las razones son políticas y comerciales".

El documento destaca, entre otras cosas, la vasta industria pesquera, su extensa costa, sus numerosos puertos y su abundante carbón y demás minerales que podrían impulsar el liderazgo de Estados Unidos en el mundo.

Pero habría que esperar hasta 1946 para que llegara una oferta formal cuando el entonces presidente Harry S. Truman ofreció a Dinamarca 100 millones de dólares en oro por la isla, lo que equivaldría a unos 1.300 millones de dólares actuales.

Aunque antes de lanzar esta oferta, Truman había especulado con la posibilidad de intercambiar parte del territorio de Alaska por zonas estratégicas de Groenlandia.

Una necesidad militar

La propuesta de comprar Groenlandia habría surgido por primera vez en noviembre de 1945, cuando un senador republicano manifestó que las fuerza armadas del país consideraban que era una “necesidad militar”.

En abril de 1946, durante una reunión del comité de estrategia y planificación del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, un funcionario del Departamento de Estado aseguró que los miembros consideraron que el objetivo real, en lo que a Groenlandia se refería, debería ser su compra a Dinamarca.

Por aquel entonces, el Departamento de Estado consideraba que el dinero en Estados Unidos era abundante y que Groenlandia no tenía ningún valor para Dinamarca, para Estados Unidos, por el contrario, el control del territorio era indispensable para la seguridad del país.

El ex embajador de Estados Unidos en Dinamarca durante el gobierno de Barack Obama, Rufus Gifford, recordó la situación en la que se hallaba el país por aquellos años en una entrevista a National Public Radio (NPR).

"Tenemos que fijarnos en cómo estábamos geopolíticamente entonces, en 1946 (...) Tras la Segunda Guerra Mundial y de camino a la Guerra Fría, Estados Unidos tenía una gran preocupación por la continuación de la inestabilidad política en Europa... La idea de que los adversarios de Estados Unidos pudieran de alguna manera adentrarse en un lugar tan cercano (a EE.UU.) como Groenlandia era una amenaza real".

Gifford considera que la situación actual dista mucho de la de entonces, pues en la actualidad Estados Unidos tiene una relación militar y económica muy fuerte con Groenlandia y cree que su compra no resultaría beneficiosa para ninguna de ambas partes.

Una base militar

Aunque la respuesta de Dinamarca a Truman fue negativa a finales de los años 40, la Casa Blanca consiguió un acuerdo para construir una base militar en el territorio a principios de los años 50, a inicios de la Guerra Fría.

La base aérea de Thule sigue siendo, hasta la actualidad, la base militar de Estados Unidos más septentrional y un ejemplo de importancia estratégica que aún le da el país a la isla.