Trabajo
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Durante una entrevista, quien nos consulta por las habilidades que tenemos y solicita nos presentemos se mantiene expectante de lo que vamos a decir, cómo lo vamos a decir y las cualificación que tenemos, por ello en ese momento nuestro único objetivo es ser “impresionantes”.

Cuando nos encontremos frente a la tarea de hablar de nosotros mismos, es preciso tener sumamente claro los logros conseguidos, a la vez que los títulos conseguidos, prácticas, evaluaciones y conocimiento sobre diferentes temáticas (ad hoc al tema que nos convoca en la entrevista). Es posible que ayude bastante cualquier tipo de conocimiento que se tenga sobre análisis estadístico y software en general. En esta instancia también es recomendable tener en claro la forma en que ha interactuado la empresa, ya que puede hayamos hecho cursos que, no nos sirvan en el puesto específico al que postulamos, pero que nos ayudarán a calificar en cualquier otro que tenga que ver con los objetivos generales de la compañía.

Puede que muchos pensemos que durante la entrevista que estamos dando seamos realmente extraordinarios, sin embargo, la verdad es muy distinta. De acuerdo a lo que los psicólogos han denominado la “paradoja del presentador”, la mayoría de los entrevistados son traicionados por sus instintos, los deseos de venderse bien o de presentar sus cualidades y terminan ahogándose en un sinfín de palabras que lo hacen ver bastante mal.

Para que el problema quede claro podemos explicitarlo de la siguiente manera, muchos creen que más es mejor, de ahí que hacen una exhaustiva lista de habilidades, cursos, prácticas y en el fondo se esmeran por demostrar que son realmente buenos en todo lo que han hecho, pero ¿Qué pasa con ese curso de inglés que duró dos semestres? Allí no se consiguió excelencia, tampoco se habla inglés, pero se hizo ¿Conviene decirlo? Para la mayoría hay que decir todo lo que sume, pero el problema está en que no todo ayuda.

Si tuviéramos que jugar con nuestras habilidades y sumar puntaje por lo que tuviéramos en el CV, diríamos que el internado nos suma un “10”, mismo caso que el haber sido mejor mediador en la empresa el año pasado, haber hecho un curso de relator con distinción máxima y aquel curso de estadística con el que hicimos un reporte brillante hace dos semanas, pero ¿Qué pasa con el curso de inglés? Eso muy probablemente sumaría un “2”. La sumatoria sería “10 + 10 + 10 + 2” o sea 32. Ese dos en promedio nos baja todo ¿Vale la pena decir todo? No.

Decir que sabemos mucho no garantiza que demos una mejor entrevista que el resto, ello gracias a que no todos ofrecen lo mismo y la variedad representa un riesgo para nuestras pretensiones, uno que por cada error involuntario nos aleja más del puesto que anhelamos. Los entrevistadores no se preocupan de ir sumando “10”, sino que evalúan el panorama completo y ahí nos caemos con el famoso curso de inglés.

De haber promediado sólo aquellas cosas en las que éramos realmente buenos, habríamos conseguido un espectacular 10… pero no pudimos evitar decir estudiamos algo de inglés, lo que en vez de favorecernos, terminó perjudicándonos pasando del perfecto “10” a un bonito “8”.

Puntaje: