Susana Martínez, abogada republicana de origen hispano, acaba de ganar la gobernación de Nuevo México con el 59% de los votos, por lo que se espera un giro radical en la política del estado fronterizo, tras dos períodos consecutivos de representantes demócratas. Martínez contó durante su campaña con el apoyo irrestricto de la gran figura nacional del Tea Party, Sarah Palin.

La candidata, una procuradora nacida en la población de El Paso, aprovechó el rechazo de los residentes a la gestión del gobernador Bill Richardson (el que alcanzó un 57%), para afianzarse como la alternativa emergente entre una población que cuenta con un 40% de hispanos. No obstante lo anterior, no fue el voto hispano el que le dio la victoria a la nueva gobernadora. El 61% de los latinos de Nuevo México votó en su contra y a favor de la demócrata Dianne Denish, mano derecha de Bill Richardson, y sólo un 38% de los electores sufrago por Martínez.

Adiós a la reforma migratoria

Como consecuencia inmediata y directa, la esperada reforma migratoria en Estados Unidos tiene escasas posibilidades de ver la luz, al menos en lo que resta de la gestión del presidente Barack Obama. Esta es la percepción de millones de mexicanos que dejaron su país y sus familias para tratar de alcanzar una mejor calidad de vida en el país vecino.

El embajador de México, Arturo Sarukhh, declaró desde Washington que descartaba por completo un estancamiento en la agenda de cooperación entre ambos países, pero admitió claramente que la nueva correlación de fuerzas no es beneficiosa para la reforma migratoria.

En días pasados, el presidente Barack Obama había señalado que era necesario esperar los resultados de las elecciones del martes 2 de noviembre para conocer el grado de oposición que podía esperarse. Luego de obtenidos los resultados, Obama reconoció que es poco lo que se puede esperar.

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