Crisis financiera

En los medios de comunicación norteamericanos especializados en finanzas, ha surgido el debate a partir de los informes presentados por funcionarios sobre la causa de la quiebra del Haven Trust, un pequeño banco de Georgia, de los últimos en derrumbarse durante el año 2008.

Los funcionarios han extendido la investigación prácticamente un año, despedazando y analizando al milímetro todas las informaciones y datos que surgían en los informes internos de las entidades financieras, y los resultados presentados públicamente a lo largo de la tercera semana de noviembre han escandalizado a numerosos medios de comunicación, debido a los errores y gestiones nefastas que habían sido realizadas por prácticamente todas las entidades de los Estados Unidos algunos años antes de la crisis.

Ahora nadie se explica cómo es posible que, a la luz de los informes de todos los bancos, las autoridades estatales y federales de todo el país no intervinieran antes sabiendo que estaban realizando cada vez prácticas comerciales más arriesgadas. En la mayoría de las entidades financieras cedieron ante la tentación de préstamos permisivos, saltándose los controles del riesgo de exclusión de empleo y acumulando de manera vertiginosa, préstamos que no hicieron sino avivar el fuego del sector de la construcción. Pese a que el propio gobierno de la Administración Bush en 2002 ya advirtió sobre las consecuencias que este tipo de gestión financiera podría traer consigo, los funcionarios han concluido que ni los bancos ni los reguladores públicos decidieron pasar a la acción. Todos permitieron que se siguiera jugando con fuego durante los años siguientes, hasta que el sistema financiero acabó quemándose.

¿Cuál fue el error? En la mayoría de los casos se desprende que los inspectores financieros no actuaron a su debido tiempo y con la contundencia convenida para que los bancos volvieran a estar bajo control. Precisamente, a partir de salir a la luz públicamente estos informes, algunos inspectores han reconocido a los medios que en muchas ocasiones actuaron haciendo vista ciega ante las señales de alarma que veían en entidades financieras.

Estos informes que para muchos ciudadanos están pasando sin mayor interés por páginas de periódicos y canales de televisión, son muy útiles para los legisladores. Con ellos se permiten conocer y profundizar en las causas que originó la crisis financiera mundial, para saber cómo hay que actuar en el futuro evitando volver a la senda de la crisis. Los políticos analizan los últimos datos sacados a la luz, y reconocen estar pensando la aplicación de medidas para fortalecer la figura de los inspectores y conseguir de esa manera que las entidades financieras no puedan prestar dinero a cualquiera con la misma facilidad que han tenido en los últimos años.

Entretanto los banqueros empiezan a alzar su voz para criticar estas posibles medidas legislativas, y se justifican alegando que el mercado no tiene una forma fija y puede variar el flujo de liquidez de un extremo al otro en función de los tiempos que corran y de las inversiones privadas. Tal es así que según ellos estas leyes perjudicarían de forma grave a sus negocios, haciendo que el dólar pierda todavía más peso en la economía global y que los periodos de inflación puedan surgir de forma frecuente a lo largo del año.

Sin embargo pocos analistas se han parado a analizar la situación actual de los bancos. Y es que de las aproximadamente 8.100 entidades financieras que hay operativas en los Estados Unidos a día de hoy, aproximadamente 2.200 arrastran tras de sí umbrales de riesgo que normalmente generan una intervención pública en la gestión y regulación para la concesión de préstamos.

Aproximadamente 600 pequeñas entidades financieras corren riesgo en la actualidad de quebrar por los problemas que arrastran de préstamos relacionados con el sector inmobiliario, y desde los comienzos de la crisis en mitad de 2007, más de 150 han quebrado.

Algunos inspectores justifican su falta de intervención alegando que nadie quería intervenir en el sector financiero en la época de bonanza, ya que todos tenían miedo de interferir en los resultados de los mercados inmobiliarios.

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