Aquel miércoles me levanté con una de las noticias más sorprendentes que he leído este año. Y es que con el lamentable terremoto que ocurrió, en esta empobrecida nación caribeña, muchas han sido las ayudas llegadas de varias partes del mundo en uno de los actos de solidaridad jamás vistos, no sólo por las cuantiosas cifras en dinero y materiales para palear parte de la miseria en la que se ha sumergido aun más esta nación, sino por el ofrecimiento de varios países para adoptar a niños huérfanos luego de la tragedia.

Pero pese a toda esta buena aura de solidaridad que aun hoy, después de más de un mes de la catástrofe, sigue llegando y con nuevos compromisos de ayudar a la nación haitiana y sus moradores, lo que si me pareció sorprendente era conocer que luego de la independencia de Haití en 1804, nunca un presidente francés había pisado tierra haitiana. Aunque sigo muy de cerca la historia universal, no soy un estudioso de la misma, dudo que exista, entre una antigua colonia y su metrópoli, tanta distensión en este sentido que entre estas dos naciones.

Sin embargo, aprovechar este momento de crisis humana en este país me parece una decisión acertada del gobierno francés, sobre todo y pese a las amplias diferencias que existen entre ambas naciones, si comparten parte de historia común y lengua, que puede ayudar a insertar a Haití en el desarrollo, al cual ha estado marginado desde su misma independencia, asociado sobre todo al excesivo pago que tuvo que realizar la nación caribeña en el siglo XIX para “comprar” su independencia. Actualizando la cifra ascendería a 18 mil millones de dólares que, por supuesto, hundió su economía en complicidad con los malos gobiernos que se han sucedido uno tras otro, cada uno de ellos empobreciendo mas la nación y sus habitantes, pero engrosando sus arcas personales en bancos extranjeros.

Y como era de esperarse, Sarkozy, no podía llegar a brindar ayuda con los bolsillos vacíos y aunque los 326 millones de euros en ayuda para la reconstrucción y la condonación de los 56 millones en deuda no se acercan ni siquiera al monto que desembolsó la nación caribeña más de dos siglos atrás, sin duda, es un alivio para Haití, que ha perdido a mas de 200 000 personas en esta lamentable tragedia, que deja en mutis a todas las pérdidas económicas que se puedan contabilizar hasta el momento.

Por otro lado, la presencia del presidente francés ayudaría a Haití a hacer una nueva alianza con uno de los países europeos de mayor peso en la política mundial y que, a su vez sirva, para disminuir la densa presencia de los EUA en este país. Debe recordarse que las continuas intervenciones de la nación norteña en la isla demuestra una fragilidad alarmante en sus asuntos políticos que atemoriza a la población desde sus inicios como territorio independiente.

La ascendencia francesa-haitiana de la cual me siento muy orgulloso y de la que es muy buena representante el cultivo de café por las montañas de la región oriental de Cuba (acreedores por la UNESCO de “Patrimonio Mundial de la Humanidad”) llevado hasta allí por colonos y esclavos que huyeron de la nación caribeña luego de que comenzó la revolución haitiana en tiempos de independencia.

Habiendo sido Haití el segundo país de América y el primero de América Latina en constituirse como nación independiente, demuestra el espíritu emprendedor de los haitianos cuando sus aspiraciones están bien enfocadas y trabajan de manera conjunta y hacen honor al lema de su escudo “L'union fait la force” (la unión hace la fuerza).

En Haití está faltando:

  • Que todos los países del mundo cooperen con ayuda para su población
  • Que se le condone la deuda totalmente
  • Que se refunde el país
  • Que cada uno de los haitianos se sienta identificado con su reconstrucción

En definitiva se está necesitando que cada haitiano se sienta como Ti Noel, el personaje principal de un excelente libro escrito por Alejo Carpentier “El reino de este mundo”, que la reconstrucción, es la revolución que se les viene de ahora en adelante.