Mitos del retiro

A los cambios drásticos que muchos adultos mayores experimentan ante el cese de las actividades productivas, se suma el estado insatisfactorio de cosas, y una marcada falta de asesoramiento en cuanto a las finanzas. De allí que surjan algunos mitos en torno a temas como la jubilación y los beneficios del retiro, que llevan a las personas a cometer errores en el uso y empleo de los ahorros, al idealizar posibles inversiones y planes de gastos, desconociendo la realidad de los costos actuales del sector inmobiliario y los servicios adicionales por atención médica entre otros factores, que afectan la economía personal.

A continuación una muestra de los aspectos más recurrentes en los que los jubilados se dejan llevar por los mitos para sus inversiones.

Mito No. 1: un millón de dólares es suficiente

Una pareja se sentó a calcular cuánto dinero necesitaba ahorrar para jubilarse. El flamante asesor les pidió que determinaran algunas variables como expectativas de vida y gastos para los próximos años. Luego, en una hoja Excel se colocaron los resultados, se combinaron y allí estaba la cifra que les aseguraría una vejez tranquila: un millón cuatrocientos mil dólares. La pareja respiró aliviada y decidió trasladarse de Eugene, Oregón, a Sun Valley en Idaho.

Lo que el asesor no le dijo al matrimonio es que existen los imprevistos. Tuvieron que hacerse cargo de sus ancianos padres, y ayudar a los hijos en medio de la crisis. El señor opinaba luego que si hubiera considerado esas posibilidades, hubiera trabajado un par de años más.

¿Qué salió mal? La cuenta parecía sencilla: los jubilados se valen de una regla de oro, calcular cuánto van a gastar cada año, y multiplicarlo por otra cifra: cuánto van a vivir. En el caso del matrimonio citado, hubo un error de un 25% menos en la cifra ahorrada, por lo que la pareja se ve ahora en aprietos económicos, justo cuando debería estar descansando de estos problemas. Lo ideal según los especialistas, es incorporar la mayor cantidad de variables posibles y pedir actualizaciones frecuentes de los precios y el costo de los servicios.

Mito No. 2: Usted gastará menos cuando tenga más edad

La oficina Federal de Estadísticas del Trabajo informó que durante el 2009, las personas promedio en el rango de edad de 64 a 74 años, gastaron cerca de 43.000 dólares, en tanto que las personas con edades de 55 a 64 años gastaron 52.000 dólares. Con el tiempo la idea de que las personas mayores gastan menos se ha convertido en un patrón para la planificación financiera.

La pregunta es: ¿las personas mayores gastan menos por elección o porque no cuentan con suficientes ingresos? La realidad demuestra que gastan más. Una exhaustiva revisión a las estadísticas federales reveló algunos datos interesantes. Cuando se estiman los recortes en gastos de este sector de la población, se dice que ya no tienen que costear la educación de los hijos y ya no hay pagos de seguridad social.

Lo que no se toma en cuenta es que al estar libres de compromisos laborales y familiares, se disparan los gastos por concepto de entretenimientos y otros cambios. En ocasiones, tienen que elegir entre un merecido descanso y el financiamiento de algún proyecto educativo de los descendientes.

El consejo de los expertos para este tipo de situaciones es hacer una prueba durante un año con un presupuesto reducido de gastos, que equivalga al promedio de la jubilación, y así irse preparando para el cambio.

Mito No. 3: El Estado apoya con los gastos

El reciente debate sobre la reforma de la salud indica que los estadounidenses confían plenamente en el sistema privado Medicare. Sin embargo, la mayoría de las personas en edad de jubilación no se dan cuenta de que este sistema no cubre gastos tales como atención odontológica, de la vista, o medicamentos no recetados. Asimismo, algunos pagos de Medicare pueden variar entre 20% y 45% del costo en atención ambulatoria.

Pero los gastos más fuertes provienen de la reclusión en hogares para ancianos o salud domiciliaria. El costo promedio de una habitación privada superó los 75.000 dólares al año durante el 2010. El gobierno no cubre estos gastos a menos que la persona ya haya gastado todos sus ahorros, en cuyo caso los servicios sociales determinan el lugar de atención.

Lo recomendable en todos los casos, es buscar una buena asesoría, indagar personalmente el costo de los servicios, así como hasta dónde llega la cobertura de los seguros privados, y no tomar una decisión hasta tanto se esté seguro que el dinero ahorrado será suficiente para garantizar una vejez tranquila.

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