Con una maniobra inusual y concertada, los siete países más ricos del mundo, anunciaron la venta a gran escala de divisas niponas en el mercado, y el efecto inmediato de este anuncio fue la brusca caída del yen, la mayor en dos años, lo que representa un alivio para la economía japonesa, cuyos agentes temían una revalorización que hiciera aun más difícil el proceso de recuperación. Al momento de la intervención, la moneda asiática estaba en el tope máximo desde los últimos 60 años, y el dólar había bajado hasta un piso histórico de 76,25 puntos que aumentaron con el anuncio del G-7 a 81,7 puntos.

Los ministros de Economía y los directivos de los Bancos Centrales de Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Italia, Alemania y el mismo Japón, coincidieron en adelantar una intervención monetaria que frenara el aumento del yen, luego de la crisis que atraviesa Japón, tras un sismo, un tsunami y una emergencia nuclear.

Para cuando se tomó la medida, ya habían desaparecido miles de millones de dólares de los mercados bursátiles, los exportadores temblaban ante el alza del yen, mientras Japón hace malabarismos con un desabastecimiento eléctrico que puede extenderse por varios meses.

Otro de los indicadores que recuperó un nivel aceptable fue el Nikei de Japón, llegando a 2,5%, que reporta así una decidida recuperación tras las fuertes pérdidas de los últimos días.

Después de Japón, viene el Medio Oriente

Las acciones acordadas por el G-7 resultaron sorpresivas para muchos sectores, pues algunas fuentes habían adelantado que se apoyaría a Japón para que actuara solo. En ese sentido el ministro de Finanzas nipón, Yoshiniko Noda, informó que el Banco Central de su país, comenzó a vender yenes mientras los bancos centrales del G-7 abren sus mercados.

La preocupación de los líderes financieros también se enfocaba en el aumento repentino del yen que ocasionara una repatriación de la moneda, con la consecuente alteración de los mercados globales, lo que generaría una aguda crisis de confianza extensiva al resto de Asia, Estados Unidos y Europa.

Por otra parte, los inversionistas y agentes de los diversos mercados continúan atentos a lo que pueda acontecer en Libia, ahora que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidos aprobó la intervención armada en ese país. Se esperaba que las operaciones militares comenzaran unas horas después de hecho el anuncio, y luego de quedar determinada la zona de exclusión.

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