La actual crisis de credibilidad en los politicos

Crisis politica mundial
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Sin embargo, durante los últimos años da la impresión de que de una forma u otra se han ido distanciando de los criterios populares, cobijando a sujetos que no tienen mayor interés salvo el de enriquecerse rápidamente y vivir en una galaxia de lujo y placer el mayor tiempo posible.

El presidente francés Nicolás Sarkozy, el mismo que al comienzo de la crisis económica mundial hablaba de austeridad y de rescatar valores, invirtió la nada desdeñable cantidad de 245.000 euros (unos 352.000 dólares) en comprar una ducha que nunca utilizó.

Además, sintió la necesidad imperiosa de acoger plácidamente los pies de sus invitados (además de los estómagos) en una cena oficial, en la que invirtió más de 5.000 euros por plato de comensal y para la sazón nada mejor que una alfombra de más de 90.000 euros.
Si él mismo, que aspiraba a recuperar determinados valores ciertamente indefinidos, no supo resistir a la tentación del lujo y el placer, ¿qué se puede esperar de aquellos que durante las últimas semanas callan y no se pronuncian sobre los sucesivos supuestos casos de corrupción que aparecen por todas partes y en todos los países?

Por todos los lugares públicos además de internet, la ciudadanía se expresa con cinismo, ironía y risa ante las noticias que se suceden de políticos que supuestamente utilizan sus cargos para resolver su vida abandonando las obligaciones que adquieren al ser representantes de los ciudadanos.

La ciudadanía se aprieta el cinturón a diario y por tiempo indefinido mientras desayuna con noticias que hablan de millones de euros que han desaparecido o han cambiado fraudulentamente de lugar, o de cenas de gala en la que es necesario gastarse en el menú cantidades astronómicas para dejar satisfechos a los invitados, no vaya a ser que no coman algo acorde a su puesto de importancia, de todas formas siempre olvidan que si están ahí es por la ciudadanía y no porque ellos sean nada fuera de lo común.

Desde los medios de comunicación, los colaboradores habituales (lo mismo políticos, que periodistas o intelectuales de diferente signo ideológico) no paran de repetirnos que esto es algo común que sacude a todos los partidos, pareciera incluso en ocasiones que hasta les interesa sembrar en la ciudadanía el sentimiento de despecho por la política, o de negación por el interés de la misma, o quizá tratan de decirnos de una forma disimulada que, a fin de cuentas, lo que está sucediendo en las altas y bajas esferas de la política no es sino una representación de lo que se ha convertido la ciudadanía.

Probablemente Nicolás Sarkozy tenía razón en algo de lo que dijo, y es que este ciclo no es sino el final de un modelo antiguo y desfasado, que ha demostrado no ser efectivo, además de enfermo. Probablemente resulta que, después de todo, lo que está ocurriendo sea positivo porque estamos tocando fondo y a partir de ahora durante los próximos meses iremos remontando a la par que nos recuperamos de la crisis para ir hacia tiempos mejores en los que los valores democráticos de Montesquieu, Rousseau y compañía volverán a alzarse, nadie sabe exactamente dónde o de qué manera, ni siquiera cuando, pero todo apunta a que volverá a ser así.