Tropas en Colombia
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Los Gobiernos Corporativos o “Estados Fallidos”, al decir del intelectual Noam Chomsky, autor de Hegemonía o supervivencia, representantes de los intereses de las grandes empresas, están abandonando la máscara diplomática “mostrando la hilacha” abiertamente mediante sus incursiones militares en posiciones de amenaza para la soberanía de nuestra América del Sur.

Una expresión clara de esta “violencia internacional”, atropello al bloque Latinoamericano y ridícula coartada “improvisada” e “indigerible” es la cesión de al menos siete bases estratégicas colombianas distribuidas en ambos océanos, Pacífico y Atlántico, a tropas estadounidense, aunque, permítaseme esbozar una sonrisa al escribir esto, el comandante de las Fuerzas Militares colombianas, Freddy Padilla de León, asegura que los norteamericanos estarán bajo sus órdenes.

Tal vez no sea éste el pensamiento de Douglas Fraser, comandante del Comando Sur de los Estados Unidos quien ha mantenido una reunión con mandos del ejército de varios países, en Bogotá mismo, con exclusión de representantes de Venezuela y Ecuador.

"Estados Unidos" está ya es su fase final porque el egoísmo extremo hace colapsar la buena convivencia que es la constante que debe mantenerse a flote para el goce de la comunidad, para la verdadera estabilidad armónica que persigue el panamericanismo que intentaron José Gervasio Artigas, San Martín y el gran Simón Bolívar.

"La bestia" son unos pocos particulares cuyos capitales compran las voces de la democracia, pagan mercenarios y crean conflictos

Digamos ¡Basta ya de humillación! Ellos nos dividen para achicar nuestro potencial de resistencia. Estudian nuestra historia, nuestros rencores vecinales y generan el caos como firmeza de su orden impuesto.

Cae pero se sacude en sus últimos estertores. Aun así, son peligrosos los coletazos de este monstruo. Reptil gigante que, al igual como se desmoronó el hipócrita imperio de la U.R.S.S. así también se desmoronará en su vacuidad enfermiza, el sistema de vida organizado por las burguesías desde su poder tecnológico, militar y financiero.

La apertura de Colombia a la presencia militar extranjera, más aun a una potencia de la envergadura del país del norte, una entrada al ejército más fuerte del mundo al golpeado Cono Sur, es una clara provocación a toda nación que se autoproclame soberana.

Más irracional se entiende esta actitud del presidente colombiano Uribe cuando pacta con un gobierno que ha demostrado una clarísima conducta militar intervencionista en la región y en el mundo entero, gobierno que desoye las resoluciones de la ONU y que, bajo la supuesta lucha contra el terrorismo, se ha convertido en principal actor de las invasiones del siglo XX y siglo XXI.

Ese poder ya legendario de “los dueños del mundo” está tomando posiciones en los alrededores de nuestras casas. Siete enclaves militares de EE.UU. en Colombia es un atropello continental por parte de Barak Obama y una traición a todo el bloque por parte de Uribe quien debería ser juzgado por las propias leyes colombianas como un conspirador a los genuinos intereses del pueblo.

No se puede comprender sino como una provocación directa a las democracias la instalación de bases militares ocupadas por contingentes de marines norteamericanos rodeando a Venezuela, la nación declaradamente antiimperialista desde el 89, en consonancia con Cuba y que mantiene coincidencias con bastantes gobiernos progresistas de América Latina. Claro que, como siempre EE.UU., echa “perros” por delante, pone carne de cañón y..., ¡Dios nos ampare! En ocasiones hace estallar la guerra entre los propios hermanos del Cono Sur.

¿Es que no basta ya con haber crecido a costa de los paisitos pobres del sur? ¿Es que no ha sido ya suficiente la enajenación de los opresores sobre nuestra hermosa tierra? ¿El orden instaurado llama orden a la realidad de que un 40% de la población no dispone de más de 2 dólares por día para vivir?

La unidad de nuestros pueblos ha sido permanentemente minada por los intereses del poder, la voz de la democracia ha sido comprada por los poderosos, los medios de prensa son, en su mayoría, fuentes de propaganda del sistema capitalista, de los privilegiados, los que han concentrado las riquezas en sus manos y emiten la moneda, los que ya han calculado el colapso del sistema y se mueven ahora desesperadamente hacia el saqueo de las energías fósiles. No es nada nuevo, pasó en Afganistán con el dominio de los gases hidrocarburos, en Irak, nación riquísima en existencias de crudo y ahora Venezuela es el objetivo. El sistema está fallando. Ya lo había predicho el inminente ecónomo y pensador alemán, Karl Marx, en su exhaustivo estudio sobre el trabajo como mercancía en el contexto industrial del siglo XIX.

Las siete bases colombianas “cedidas a los EE.UU." con la excusa de la ayuda de marines estadounidenses para controlar las FARC significan, sin duda, la “capacidad de traición” que circula entre nuestros propios hermanos sudamericanos. Al parecer no saben visualizar al verdadero “lobo” al que ya se le cayó la “piel de oveja”, por lo que es fácil individualizarlo, pero aun hay ciegos intelectuales en el poder de nuestras naciones, peor aun, corruptos negociadores de la soberanía “intentada”, de la independencia soñada de nuestro bloque panamericanista. Las nuevas bases con soldados y estrategas que se agregan a Apiay, Palanquero y Malambo son las de Cartagena, Larandia, Málaga y Tolemaida.

Poca cosa han manifestado las voces del gobierno estadounidense. Vemos en esta declaración del portavoz del Departamento de Estado, Phillip Crowle, que la hipocresía y el doble discurso sigue siendo una letanía permanente en la oratoria de la potencia jurásica norteamericana:

“No creo que toda esta situación tenga relación con Estados Unidos, pero promovería el diálogo entre Colombia y Venezuela para que encuentren una solución pacífica"

Luego de esta “puñalada por la espalda” asestada por un presidente sudamericano a sus homólogos del resto de Latinoamérica, se entienden perfectamente las reacciones de desconfianza y clara alarma por parte de varias naciones del bloque. Hugo Chávez y Lula Da Silva, de Venezuela y Brasil han dejado claro que la determinación de dar cabida a elementos militares ajenos a la región en tierra colombiana ha debido ser primero consultada con sus vecinos y que la presencia de marines norteamericanos operando desde Colombia cambia completamente la situación en toda el área.

Por otra parte se han suspendido los vínculos diplomáticos entre Colombia y Venezuela desde mediados del pasado año como consecuencia de las negociaciones entre Bogotá y Washington en lo que denominan “cooperación conjunta contra el narcotráfico”.

El ejército bolivariano se prepara para morir defendiendo la soberanía de los “Pueblos Libres” y, retomando Chávez la expresión artiguista del Libertador oriental (uruguayo) : “Con libertad yo no ofendo ni temo”, dijo que no quería la guerra pero que no permitiría las hostilidades norteamericanas por medio de Colombia.

Tenemos hijos aquí, queremos que vivan libres y cuiden su morada, que no las entreguen a los inversionistas extranjeros, que no la sometan a los residuos tóxicos contaminantes, a la actividad militar de Estados Unidos, al que tenemos que transformar por medio de un movimiento en la conciencia ya que la bestia también anida en el seno de nuestra cultura y nuestra forma de ser y pensar.

“Yanqui ¡Go home!” Rezan los carteles que apoyan al pueblo colombiano desde Venezuela. Mientras Chávez a levantado la alarma responsabilizando a los 500 hombres más ricos del mundo del desequilibrio social. El líder que exalta, un socialismo indiginistamericano, citó en Copenhague una célebre frase del cabeza de la Teología de la Liberación Boff: “¿Puede un planeta finito soportar un proyecto de ambición infinita?”

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