El primer mandatario italiano, Silvio Berlusconi, hacía alarde constantemente de que Italia estaba muy bien posicionada ante la crisis europea. Ofreciendo a todos los medios de prensa su versión tranquilizadora para los mercados, aunque la realidad terminó tumbando esas expresiones que cayeron por su propio peso. Es innegable, Italia no está para nada ajena a la crisis, y negarlo suele ser un efecto boomerang.

El Ministro de Economía, Giulio Tremonti, hizo público un anuncio que dejó en claro la realidad italiana frente a la problemática coyuntural de la eurozona. Efectivizó un riguroso ajuste fiscal que rondará los veinticuatro mil millones de dólares.

Esto no surge de una medida fugaz, era duramente reclamado por Alemania y el Fondo Monetario Internacional; aunque en todo momento desmentido por el gobierno. Situación que no hace más que generar más incertidumbre, el ejemplo más nítido de ello es que la Bolsa de Milán cerró en caída, llegó al 3,4%.

Las cifras de este ajuste serán divididas equitativamente en dos partes, una para el 2011 y otra al 2012. Es preciso recordar que el compromiso de los países europeos es que en el 2012 ningún Estado miembro de la UE pueda tener un déficit superior al tres por ciento del PIB. Algo que deja muchas dudas, al menos como está el panorama hoy al día. Se han anunciado los ajustes, ahora queda ver cuáles serán los impactos que irán teniendo sobre los ciudadanos, que en definitiva son quienes pagarán la crisis.

Asimismo también se incrementaron otras medidas para combatir la evasión al fisco, reducción en el gasto público. El Ministro de Economía al realizar el anuncio lo dibujó con una frase en latín, que traducida al español dice: “Primero vivir, después filosofar”.

La incógnita es a quién va dirigida esa frase, que no causó mucha simpatía en la población. Ya que quien más ha “filosofado” es el propio Berlusconi, explicando lo inexplicable al tratar de convencer que Italia estaba resguardada de la crisis europea, que con estas medidas ha quedado en plena evidencia que tales planteos, tal vez con espíritu de buena voluntad, eran falaces.

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