Apenas el mundo se está recuperando – o todo apunta a ello – de la mayor crisis económica y financiera de la Historia, el Fondo Monetario Internacional ha advertido que los países no están tomando medidas satisfactorias para evitar futuras burbujas especulativas…

Y lo que es aún peor, muchos de ellos están volviendo a estructurarse de acuerdo a los mismos pilares que llevaron a las dos burbujas que hicieron explotar la estabilidad en el verano de 2008: La inmobiliaria y la del crédito fácil.

Para los economistas, el reto es aunar medidas de acción global que puedan evitar a los futuros intentos de especuladores por hacer dinero rápido y fácil. El problema surge cuando esos mismos especuladores que sacaron excelentes rendimientos antes de la crisis y aún con ella, ahora han comenzado a invertir en conjunto en el petróleo.

Un reto difícil para China

China afronta ahora su mayor reto desde que en la década de los 70 hiciera la transición hacia la economía capitalista de mercado mixto: evitar que suceda en su país, lo mismo que sucedió en Estados Unidos. Con el agravante, de que los chinos deben frenar, además, el ascenso imparable del precio de la vivienda. Que en la última década prácticamente ha triplicado su valor respecto a antes de la liberalización del suelo.

La economía del gigante asiático se ha sostenido durante los últimos años en el crédito fácil y en la construcción masiva, lo que ha propiciado que millones de personas se mudasen del campo a los núcleos urbanos. Muchos de ellos hoy en día están en el paro y han perdido la ilusión del sueño de prosperar en las grandes ciudades. Sin embargo, esto no es nada en comparación a lo que sucedería si las empresas y bancos cerrasen el grifo del crédito fácil. El que ha conseguido que muchos pequeños emprendedores, puedan abrir y mantener sus negocios durante los últimos años de forma autónoma.

Sucedería, que el país entero retrocedería en niveles de progreso económico, aproximadamente, en dos décadas. Eso sin contar con que una caída en su economía, haría tambalear los cimientos del capitalismo internacional, sostenido gracias a las ingentes cantidades de deuda pública que los chinos compraron a los Estados Unidos durante los últimos años y que, durante el transcurso de la última crisis económica global, también han seguido comprando.

Más vale prevenir…

De momento el gobierno asiático ya ha advertido a los norteamericanos que vayan haciendo los deberes, porque no seguirán comprando eternamente deuda pública. Esto puede ser una leve señal de que los chinos estén preparando dinero por si acaso se acaban los tiempos de bonanza. Ya que tanto el FMI como otros medios independientes, empiezan a preguntarse si las dos burbujas podrían estallar de un momento a otro.

El inconveniente, es que nadie parece ayudar al gigante de Asia en su lucha contra el aumento de los precios. El gobierno chino sostiene la base de su crecimiento económico de dos dígitos en un mercado liberalizado, y si cualquiera de los grandes bloques – Estados Unidos o la Unión Europea – toma una medida mínimamente proteccionista en el comercio, eso acaba afectando de una forma contundente a las arcas asiáticas.

Sucede que China, necesita obligatoriamente un mercado global liberalizado y con el mínimo de trabas posibles, para exportar productos a un precio mucho menor que el resto de países. Y explotar mejor la mano de obra barata, que en la actualidad abastece a las grandes industrias de Europa y América.

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