Represion del narcotrafico
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La lucha contra el narcotráfico es uno de los componentes inherentes a países de fronteras importantes, así es el caso de México, quien ha tenido que poner todo a riesgo para intentar darle una dura batalla al tráfico de drogas. La idea de combatir tan arduamente a los llamados "carteles" es por el increíble peligro que reportan para todos los sectores de la sociedad, pues comúnmente acostumbran a comprar protección, corromper autoridades y a manejar las ciudades o grandes extensiones de territorio, coartando así la libertad de la que muchos quieren ser parte al vivir en un mundo moderno y globalizado.

Se necesitan de escasas 2 horas y 23 minutos para entender lo trágico del combate contra el narcotráfico, pues mientras que se hace uso de la Marina y el Ejército para intentar combatir con lo mejor de las fuerzas de elite de México, la batalla es dura y los costos quizás demasiado altos, por ello surge la interrogante para muchos respecto de ¿Vale realmente la pena arriesgar todo en un intento?

Muchos creen que la única solución está en seguir dando la batalla sin tregua, pero ¿si los daños colaterales con vidas perdidas? ¿se puede frenar la violencia con más violencia?

Comenzando a las 13:20 minutos junto a la ciudad de Benito Juárez, en Monterrey, nos encontramos en un ambiente extraño, donde se respira lento y el silencio es lo menos que puedes querer oír ante la incertidumbre de pensar que ya estás acabado. Así, entre innumerable cantidad de tiros por doquier, los soldados de la Marina de México se enfrentan en una balacera pocas veces vivida contra el cartel de los Zetas, los cuales son acusados de una gran cantidad de delitos, todos ellos relacionados con la droga ciertamente. Tras la irrupción de improviso en una finca, se busca tomar detenido al Gori 1, quien sirve como sicario en el cartel antes mencionado, al que se le imputa además la muerte de un General, lo que hace pesar su historial ante la justicia.

Tras unos minutos que parecen simplemente eternos, se termina por ver el suelo lleno de sangro y casquillos, entre todo se aprecia como mueren ocho miembros de la mafia de Los Zetas, otros nueve son detenidos y hay muchos otros que continúan parapetándose con un arsenal de guerra del que no se sospechaba siquiera podrían poseer este tipo de unidades. Ante la crudeza del combate, que parece una guerra, la Marina solicita ayuda del ejército, el que acude al llamado luego de un tiempo.

Llegada las 14:20 minutos del mismo día, llega el ejército y comienza un nuevo conflicto armado de dimensiones fílmicas, que se ve entrampado tras la arremetida de 12 camionetas repletas de arsenal bélico de alto calibre, los que terminan por incrementar el número de muertos y plantear una seria duda sobre las posibilidades reales de derrotar un narcotráfico que está como entremezclado con las raíces mismas de estos hombres que son capaces de defender el cartel con su propia vida.

Mientras todo esto ocurría, llegada las 15:43, Sonia Hernández Ovalle estaba completamente paralizada en su auto junto a sus hijos, por la crudeza del combate y la inminente llegada de la fría muerte, por lo que su primera reacción fue rezar -cuenta su hijo de 17 años- mientras que con el paso de escasos segundos se escucha como un impacto de bala le atravesaba y le propinaba una muerte instantánea en un combate que no la convocaba, pero que la encontró en un momento y lugar equivocados. Los hijos al encontrarse en medio de la refriega entre las fuerzas armadas mexicanas y el cartel de Los Zetas, se agachan, pero la hermana del joven de 17 años también sufre un impacto de bala, que si bien no le quito la vida, la mantiene grave en el hospital.

La reflexión primigenia en torno a la real necesidad de repeler con tanta violencia al narcotráfico ciertamente levanta la polémica de si vale la pena la vida de un inocente, por lo que más allá de querer encontrarle solución a la idea anteriormente expresada, hay que tomar conciencia de lo terrible que significa estar inmerso en una sociedad que vive de esta manera. Sin duda que la vida plena está muy lejos de estos conflictos armados, los que no tienen una solución alternativa y tampoco una aplicación del dolor de cientos de miles de inocentes de las acciones de estos carteles o de la pugna por su erradicación por parte del gobierno mexicano.