Trabajar con buenas ideas
Trabajar con buenas ideas

Las buenas ideas no aparecen siempre, por ello cuando se tiene una hay que saber trabajar adecuadamente con ella o de lo contrario nos arriesgamos a dejar que se muera abandonada en nuestra cabeza sin llegar jamás a ser una realidad. El problema no es menor, pues aún cuando sea una excelente idea, el resto se mostrará “reticente” a concedernos el favor de convertirla una realidad y ahí ¿Qué hacemos?

Tal y como lo comentábamos en un artículo anterior llamado “Convencer al resto de nuestras ideas”, ahora incorporaremos algunos consejos para conseguir materializar nuestras buenas ideas por medio de la aprobación del resto, lo que viene a ser el 50% del trabajo que todo creador de ideas debe hacer.

Abrir los ojos y ser realista

Cuando ya tengamos toda la información necesaria para manifestar nuestra idea a los demás, debemos también apuntar cuál será el punto de quiebre que nuestra gran idea tiene, pues es más que seguro que el resto se esforzará en ver dónde se cae nuestro plan.

Sin duda que nadie nos pedirá que tengamos de un día para otro preparada una presentación de 100 diapositivas, pero sí tenemos que tener una planilla de cálculos clara donde exhibamos los beneficios que incluye nuestro proyecto por sobre los costos que requiere.

Quienes deben aprobar nuestro plan no quiere “vivir” dentro de nuestra idea, sino simplemente conocer la rentabilidad y posibilidades de la misma, por ello nuestro esfuerzo debe enfocarse en exhibir eso y nada más.

¿Qué parte de nuestra idea toca a los demás?

Cuando nosotros damos a conocer nuestra idea, por lo general nos cuesta ser objetivos pues la vemos como parte de nuestro ser – es nuestra creación después de todo – pero la pregunta que la audiencia se hace inmediatamente es ¿Qué gano yo con todo esto?

Antes de presentar un plan, debemos conocer cuál es su punto crítico, qué tenemos para ofrecer a los demás y cuáles son los costos y beneficios de trabajar en él. Cuando llega este momento es muy importante el contar con el apoyo de alguien “influyente” que justo al momento de exponer la idea nos apoye abierta y concienzudamente, ya que de esta forma el resto se sentirá más tranquilo de abordar el mismo barco.

Tener siempre un plan de contingencia

Mientras estamos haciendo nuestra presentación, en todo momento debemos estar atentos al lenguaje corporal de quienes nos escuchan (respiración, mirada y movimientos), pues dependiendo de ello echaremos a correr el plan de contingencia que tengamos para “acentuar” los elementos que más llamen la atención y dejar atrás los detalles aburridos.

Producto de este tipo de situaciones que pueden vivirse es que resulta tan importante el conocer muy bien cada parte de nuestra idea y los riesgos que involucra, ya que de esta forma podemos manejar la presentación a nuestro antojo, aún cuando no tengamos algo preparado o debamos salirnos del libreto.

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