Quiebras en USA
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De nada han servido los centenares de miles de millones de dólares que durante los últimos meses la Administración Obama ha invertido para salvar a las entidades financieras más importantes de los Estados Unidos. Las quiebras se suceden incluso cuando todo parecía haberse solucionado y el país empezaba a levantar cabeza.

Entre las últimas quiebras, la de la financiera CIT resalta sobre las demás, pero para los expertos es solamente una más. Los medios de comunicación han centrado la atención sobre las empresas más importantes, esto resulta así por la gran cantidad de empleados que trabajaban en ellas. Sin embargo, a mediano plazo, resulta más inquietante la quiebra de veinte empresas pequeñas y medianas que la de una importante; ya que las otras despiden más trabajadores en proporción.

La financiera CIT es la quinta mayor empresa en la historia de los Estados Unidos en quebrar, y a la luz de los últimos datos, a los que los expertos están teniendo acceso, la gestión que ha llevado en los últimos años no se diferencia mucho de otros gigantes fallidos como Lehman Brothers.

CIT es una de las empresas que se vio salvada provisionalmente gracias al dinero público que el gobierno norteamericano invirtió para evitar un cataclismo de quiebras seguidas. En total se habría beneficiado de más de 2.500 millones de dólares.

Ante este panorama de nuevas quiebras, los economistas y políticos norteamericanos han vuelto a reabrir el viejo debate sobre si es necesario intervenir con dinero público para salvar empresas privadas o si es mejor prescindir de algunos elementos que no se han sabido adaptar al mercado dejando que caigan para regenerar el mismo.

Para los expertos más vinculados al liberalismo económico, también cercanos al Partido Republicano de los Estados Unidos, que en la actualidad es opositor de la Administración Obama, es positiva la quiebra de estas últimas entidades y aún deben caer muchas más para que el mercado se recupere por completo. Ellos opinan que salvar con dinero público a este tipo de empresas podría tener consecuencias no muy positivas, ya que se estaría dando privilegios a gestores ineficaces, premiándolos, incluso, pese a su falta de visión de mercado, y perjudicando así a empresas que sí han sabido organizarse y ahora podrían ocupar su lugar en el mercado global.

Los partidarios de salvar estas empresas declaran que no es posible que otras competidoras puedan en un momento actual de debilidad económica absorber los parados que generen las que quiebran, además de que una caída continuada de empresas debilitadas por la crisis subprime podría poner entre la espada y la pared la liquidez bancaria en los Estados Unidos, con todo lo que ello supone respecto de problemas para familias y empresas, y la caída del consumo, ralentizando por mucho tiempo la recuperación definitiva de la crisis.

La Administración Obama ha invertido más de 400.000 millones de dólares para que las empresas en peligro se recuperen y logren volver a tener presencia activa en el mercado a nivel mundial. Sin embargo, muchos ciudadanos empiezan a cuestionarse si realmente ha servido de manera efectiva dedicar tamaño esfuerzo a las empresas, a la vista de las últimas quiebras.

Algunas de las corporaciones que no pueden seguir adelante y han tenido que presentar ya suspensión de pagos, han decidido recurrir a la ayuda privada para pulir su caída.

Pese a las informaciones que algunas como la financiera CIT han emitido ante los medios de comunicación de que se recuperarán de la crisis y volverán a reavivarse, lo cierto es que son muchos los economistas que dudan de que las empresas víctimas de la crisis subprime puedan ser capaces de encontrar nuevos nichos de mercado en tan corto plazo y recuperarse volviendo a conquistar así, la confianza del consumidor medio.

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