Conflicto de Honduras

De la Casa Blanca ha salido una delegación rumbo a Honduras que afirma la intervención activa de EE.UU. en la problemática situación que está pasando el país centroamericano, tras el golpe de estado que depuso a Zelaya del gobierno.

Tras el fracaso de las conversaciones entre el representante del gobierno golpista, Roberto Micheletti, y el destituido presidente Zelaya, el secretario de Estado adjunto para América Latina, Thomas Shannon y el consejero adjunto de Seguridad Nacional, Dan Restrepo, toman cartas en el asunto constituyendo este el primer signo oficial de una preocupación más puntual por parte de la potencia del norte.

El propósito de la delegación es poder entrevistarse con los protagonistas del accionar político económico de la nación en aras de un diálogo entre las partes en conflicto. La delegación permaneció durante un período no mayor a un par de días dejando claro que la situación en Honduras está en conocimiento de la comunidad internacional.

Ian Kelly, portavoz del Departamento de Estado, mencionó que el país tiene compromisos con ambas partes del conflicto. La propia secretaria de Estado, Hillary Clinton, mantuvo ya conversaciones con ambos “actores políticos” por lo que ya están enterados de que se les pedirá que mejoren el diálogo y permitan la negociación pacífica como vía de salida a esta crisis interna desgastante.

Pero ya ha anunciado Micheletti que no dará el brazo a torcer, cuestión que deja entrever las dificultades a las que se verán enfrentados estos agentes del concilio. Se entiende que la mayoría de las demandas giran en torno a la restitución del gobierno anterior, es decir, a la devolución del mando de Honduras a Zelaya.

Las posiciones ya están plateadas. Micheletti se niega rotundamente a devolver el “cetro” a su legítimo dueño. Mientras que Zelaya, tras su sorpresiva aparición en el país el 21 de setiembre, se ampara en la embajada de Brasil, en Tegucipalga, convencido de que ya se agotaron las vías discursivas de alcanzar un acuerdo.

Desde el 7 de Octubre se han estado buscando soluciones por la vía diplomática pero el diálogo a ha caído en un “punto muerto” en tanto que Micheletti no quiere dejar que Zelaya pueda rehacerse con la comandancia del país centroamericano. Zelaya ha rechazado la última propuesta de Micheletti que demandaba la retirada de ambos “actores políticos” para dar paso a un nuevo gobierno de transición.

El portavoz del Departamento de Estado, Ian Kelly, ha recordado que el tiempo sigue corriendo y que la legitimidad, de las elecciones previstas para el 29 de noviembre, caerá bajo sospecha, por lo que no será reconocida, si no se llega a un acuerdo antes de esta fecha.

Esta medida pretende garantizar la democracia como un valor universal. No se puede aceptar dentro de la comunidad internacional a un gobierno que no está representando a su gente.

Queda bastante claro que un golpe de estado nunca puede estar siendo considerado como una vía democrática al sillón presidencial de la nación. Desde esta perspectiva se observa que, al menos, la presencia de Micheletti en la comandancia del país es de por sí ilegal.

Los voceros del gobierno de los EE.UU. están reclamando la participación de la gente, la transparencia y la presencia de “visores” internacionales que atestigüen el proceso de manera de confirmar su legitimidad.

Sin embargo en Washington hay discrepancias con la posición que ha tomado el nuevo presidente, Barack Obama, respecto a los sucesos de Honduras. Posición, por cierto, que coincide con la opinión de la comunidad internacional.

Medios de prensa del propio país (EE.UU.) afirman que algunos congresistas republicanos se oponen a la visión más generalizada que reclama la restitución de Zelaya en el gobierno hondureño.

Estas facciones definen a Zelaya como problemático, lo culpan de los desequilibrios políticos suscitados en el país y lo reconocen como demasiado cercano a las ideologías “de izquierda”, partidario de Chávez y próximo a los gobiernos socialistas como el de Cuba o Nicaragua.

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